
Por normal general, resulta bastante difícil poder diferenciar entre un consumo recreativo y el comienzo de un proceso adictivo. Esta invisibilidad inicial radica en que las personas asocian el problema con la cantidad o la frecuencia. Es decir, existe un problema si se consume todos los días, si se necesitan dosis cada vez mayores o si se pierde el control cuando se consume. Pero realmente la frontera entre ocio y adicción es mucho más compleja y la forma de saber si estamos en un lado u otro es preguntarse: ¿qué función cumple el consumo en nuestra vida? o lo que es lo mismo: ¿para qué estoy consumiendo?
Con esta premisa, no será lo mismo consumir ocasionalmente en un momento de ocio, que necesitar consumir para poder divertirse. No será lo mismo consumir al llegar a casa después del trabajo, que necesitar consumir para poder aliviar el estrés laboral.
Cuando el consumo deja de ser una elección y empieza a cumplir una función
No todas las personas viven de manera similar el encuentro con una sustancia. Puede haber personas que consuman con frecuencia sin desarrollar una adicción del mismo modo que otras que solo consumen de manera ocasional pueden estar desarrollando una conducta patológica. Por este motivo, aunque la cantidad y la frecuencia son elementos importantes, no son los únicos que deben tenerse en cuenta. También importa la relación que se establece entre la persona y el propio hecho de consumir.
Del placer a la necesidad de sentirse diferente
El consumo recreativo suele estar vinculado a una experiencia concreta: una salida, una celebración, un encuentro… en el que la sustancia puede formar parte de ella pero no es el eje central del encuentro ni es tampoco el elemento que permite a la persona disfrutar de esa experiencia.
El problema empieza a surgir cuando el consumo no tiene como eje central el placer o el divertimento y comienza a usarse para modificar un estado emocional. Beber para olvidar un mal día, consumir cocaína para que una fiesta sea divertida o apostar para escapar de una sensación de vacío son ejemplos claros en los que una conducta adquiere una función psicológica.
Pero esto no significa que cualquier consumo enfocado en sentirse mejor se convierta instantáneamente en una adicción ya que las personas usamos muchas herramientas para regular nuestros estados de ánimo. Como hemos dicho, el quid estará en el lugar y la función que ocupa la sustancia. Cuando ésta sea la principal vía de escape, entonces sí es necesario prestar atención. Aquí será muy relevante preguntarse: ¿cómo me sentía justo antes de consumir?, ¿qué estoy sintiendo para querer consumir? o ¿necesito consumir para poder sentirme mejor?
La pregunta que puede ayudar: ¿qué ocurriría si no consumiera?
En ocasiones puede resultar útil también hacerse preguntas desde el lado de la ausencia del consumo: ¿cómo me sentiría si no pudiera beber esta noche?, ¿podría disfrutar de una noche de fiesta sin consumir nada?, ¿qué sucedería si tuviera que afrontar una semana difícil sin beber?
Estas preguntas no establecen un diagnóstico pero sí ayudan a identificar si existe o no dependencia entre una sustancia y la regulación de los sentimientos y en qué grado existe.
También será importante revisar si el consumo se ha ido extendiendo a lugares y situaciones en las que antes no tenía cabida de modo que lo que antes solo sucedía en un contexto muy determinado ha ido apareciendo en otros que nada tienen que ver con el inicial y que, por ejemplo, lo que antes hacíamos en un contexto social, ahora lo hacemos también un momento de soledad.
Cómo cambia la función del consumo sin que nos demos cuenta
Otra de las dificultades en el mundo de las adicciones es que la relación que tenemos con el consumo no cambia de un día para otro sino que es un proceso gradual que varía de una persona a otra.
Observar esta evolución es importante ya que es la que corroborará que la sustancia no es el problema en sí, sino que el problema reside en el lugar que le hemos dado en nuestra vida.
Consumir para escapar del malestar
En muchas ocasiones el consumo se centra precisamente en evitar emociones o situaciones complicadas. La ansiedad, la soledad, la frustración, el estrés e incluso el aburrimiento son emociones complejas de afrontar y que pueden desencadenar el consumo ya que ofrecemos a nuestro cuerpo una solución rápida a un malestar profundo.
Esta relación entre emoción y consumo genera un refuerzo en el comportamiento que puede llevar a que cada vez que aparezca una emoción difícil, le demos la misma respuesta.
Con el tiempo, esta relación se asienta y se pierde la capacidad de afrontar las emociones de un modo saludable y enriquecedor.
Es en este punto cuando vemos que muchas personas no consumen para obtener placer sino que el consumo está ligado a no sentirse como se sienten cuando no consumen. Y esta conducta es clave para diferenciar entre ocio y adicción ya que en estas situaciones, el consumo se ha convertido en una forma de regulación emocional.
Cuando el consumo organiza la vida
Para poder establecer la diferencia entre ocio y adicción también podemos revisar el espacio mental que ocupa el consumo.
Muchas personas comienzan a anticipar cuándo podrá ser la siguiente ocasión para consumir y organizar los planes en torno a esa ocasión. Cuando esto sucede se dan cambios aparentemente pequeños como: evitar actividades en las que no se puede consumir, relacionarse principalmente con personas que consumen o dejar de hacer determinadas actividades porque se considere que sin consumir no tienen sentido.
En este aspecto también toma relevancia la pérdida de control, es decir, no ser capaz de cumplir lo que uno mismo se había propuesto: consumir más de lo previsto, no cumplir con los límites establecidos o consumir en una situación en la que uno mismo se había propuesto no hacerlo.
En estas situaciones es habitual que aparezca una contradicción complicada de afrontar en los procesos de adicción: sé que este consumo me está perjudicando, pero sigo encontrando razones para mantenerlo.
Pedir ayuda antes de que el problema sea evidente
Muchas personas retrasan la búsqueda de tratamiento porque consideran que todavía no consumen lo suficiente o porque siguen manteniendo áreas importantes de su vida, un tipo de adicción que comentamos en esta entrada.
Precisamente, identificar que una sustancia o una conducta ha empezado a cumplir una función cada vez más importante puede ser una oportunidad para intervenir de forma temprana y reconocer que se necesita ayuda no implica haber “tocado fondo” sino que permite comprender que existe un patrón que está resultando difícil de modificar y que requiere una intervención adecuada.
Como decimos, lo más importante de todo será no solo si consumes mucho o poco, que puede ser algo totalmente subjetivo, sino qué lugar está empezando a ocupar determinada sustancia o conducta en tu vida y qué sucede cuando tratas de prescindir de ella.





