
Tras una noche de consumo, puede resultar complejo enfrentarse a lo sucedido. Al despertar comienzan a aparecer recuerdos de cosas que se han dicho o hecho, arrepentimiento por no haber cumplido lo que uno pudo prometerse a sí mismo o sencillamente una sensación de frustración al llevar una vida que cada vez cuesta más compartir con los demás. En este despertar el sentimiento de vergüenza después del consumo puede abarcarlo todo y llevar a las personas a pensamientos auto-inculpables como otra vez lo he hecho, ¿qué habrán pensado de mí? o ¿cómo he acabado así?.
Esta emoción puede ser muy difícil de gestionar porque no empuja a la persona que la siente hacia delante para buscar una solución sino que la deja estancada en el presente sin ser capaz de avanzar para cambiar aquello que no está alineado con su forma de percibirse a sí misma en el mundo.
En este punto, la persona tratará de aparentar normalidad, evitar determinadas conversaciones y convencerse de que es algo que controla y puede solucionar por sí misma.
De este modo, algo que inicialmente es una simple reacción de miedo ante el consumo, se convierte en la principal barrera de entrada para pedir ayuda profesional.
No quiero que nadie se entere de que consumo
El sentimiento de vergüenza no lleva unido perse la aceptación de que existe una adicción. De hecho, es muy habitual que una persona sea consciente de que determinadas conductas le están haciendo daño y pasando factura, pero al mismo tiempo tener una dificultad imposibilitante de aceptar y compartir lo que le está pasando.
Revisar y comprender lo que sucede en ese momento ayuda también a comprender por qué el silencio se convierte en un gran aliado en este punto.
He vuelto a consumir cuando me prometí que no lo haría
Tras ese consumo llegan los recuerdos. Conversaciones, mensajes, gastos, comportamientos… y a veces el arrepentimiento al haber roto la promesa hecha a uno mismo.
En este despertar pueden aparecer pensamientos como:
- No entiendo por qué vuelvo a hacerlo.
- Esta vez sí se me ha ido de las manos.
- No puedo contarle esto a nadie.
- Mañana estaré mejor y volveré a controlarlo.
- Si mi familia supiera realmente lo que hago, se avergonzaría de mí.
Los pensamientos vienen todos agolpados y sin orden y aparecen emociones difíciles de manejar que se entrecruzan: culpa y vergüenza.
Aunque aparezcan juntas hay que saber diferenciarlas ya que no son lo mismo.
La culpa se relaciona con la conducta llevada mientras que la vergüenza va un paso más allá afectando a la percepción que uno tiene de sí mismo. Puede ser tal esta segunda emoción que lleve a la persona al autoaislamiento.
Sabiendo esto, es normal que una persona se vea incapaz de pedir ayuda ya que el hacerlo implicaría confirmar el autoconcepto que se ha creado de sí misma.
Minimizar y ocultar para aparentar que todo está bien
De modo que para no tener que seguir trabajando los sentimientos de culpa y vergüenza, ordenándolos y colocándolos donde deben estar, las personas en este punto tienden a normalizar su vida.
Esto hace que no todas las adicciones sean visibles desde fuera ya que las personas son capaces de continuar con su trabajo, estudios, relaciones o cargas familiares convirtiendo su proceso de consumo en una adicción funcional.
Pero que una persona pueda seguir con aparente normalidad no significa que no se esté generando un problema.
La apariencia de normalidad es lo que facilita que la adicción perdure en el tiempo provocando problemas mayores al convertirse en la principal barrera de entrada a la petición de ayuda profesional ya que si el exterior está bien, es más fácil autoconvencerse de que el interior también lo está.
La vergüenza: principal barrera de entrada para pedir ayuda
La vergüenza no es solo una emoción desagradable sino que, mantenida en el tiempo, se puede convertir en la principal razón de cómo una persona se relaciona tanto con los demás como con uno mismo y su propio problema.
Esta vergüenza es el paso crítico en el círculo infinito que desgranamos en el artículo anterior.
Consumo → alivio / euforia → bajón emocional → malestar → deseo de consumir
El miedo paralizante a ser juzgado
Cuando una persona piensa en pedir ayuda profesional se enfrenta a una gran prueba: contar lo que se ha estado viviendo y escondiendo durante meses o años.
No es solo reconocer qué cantidad se consume, qué sustancia o sustancias y con qué frecuencia sino que esto implicará hablar de mentiras, posibles problemas económicos, conductas de riesgo o conflictos generados a causa del consumo.
Todos estos pensamientos terminan por provocar un miedo paralizante totalmente habitual pero es importante saber que el tratamiento de una adicción no parte del juicio moral sobre lo que se ha hecho sino del análisis y búsqueda de la función que el consumo cumple en la vida de cada persona.
Y es importante resaltar que incluso, todo lo que genera vergüenza es una gran semilla para trabajar durante el proceso terapéutico.
Pedir ayuda no implica dejar de sentir vergüenza
Muchos pacientes llegan a consulta tras un tiempo intentando dejar de sentir vergüenza. Es un pensamiento extendido el tener que superar esta emoción antes de avanzar. Pero no es así.
Las personas que inician un tratamiento no tienen que haber superado los sentimientos de vergüenza. De hecho, lo habitual es que cualquier persona que inicia un tratamiento lo haga con vergüenza, miedo, dudas, culpa… son emociones que se tratan y trabajan en la propia terapia para aprender a transitar por ellas sin depender del consumo.
Hablar de lo que has intentado ocultar
Otro pensamiento común es creer que uno debe contar todo de golpe al iniciar un proceso de tratamiento y tampoco es así.
Las personas van transitando y avanzando en sus emociones a medida que van cerrando, cubriendo o encajando las piezas del puzzle que están haciendo.
En Centro Elphis entendemos que esta es la forma de ayudar en este proceso de autodescubrimiento. Un camino laborioso en el que cada paciente se encuentra acompañado de un equipo profesional que aborda el problema desde diferentes ángulos para asegurar que todas las necesidades quedan cubiertas.
Quizá lleves tiempo ocultando una parte de tu vida. Quizá sea momento de contactar una primera charla y ver qué descubres.



