
Desde hace tiempo el chemsex ha experimentado un crecimiento entre la población masculina que ha llevado a que esta práctica sea considerada desde un punto de vista sanitario como de alto riesgo no solo para la salud sexual sino también para salud mental.
Para las personas que no hayan leído nuestro artículo anterior, el chemsex consiste en el consumo consciente de determinadas sustancias psicoactivas con el objetivo de mantener relaciones sexuales durante periodos prolongados e intensificar las sensaciones disminuyendo la inhibición.
El problema real aparece cuando la combinación drogas, actividad sexual, falta de sueño y esfuerzo físico deja de ser una experiencia puntual y se convierte en una conducta repetida ya que se incrementa el riesgo de desarrollar problemas físicos, psicológicos y sociales.
En este artículo no queremos hacer juicios sobre la práctica sino abordar este tema tan delicado desde el punto de vista de la salud pública.
Los peligros del chemsex: cuando el policonsumo multiplica los riesgos
El chemsex va mucho más allá que el simple consumo de una sustancia. En la mayoría de los casos, se combinan diferentes drogas con largas sesiones de actividad sexual y falta de descanso lo que provoca un importante desgaste físico. Esta suma de factores explica por qué los peligros del chemsex aumentan exponencialmente y pueden desencadenar complicaciones psicológicas de alta gravedad.
Aunque pueden utilizarse diferentes sustancias, la mayor parte de las sesiones de chemsex giran alrededor de tres sustancias principales:
- Mefedrona
- Metanfetamina
- GHB
La tríada más habitual
La mefedrona y la metanfetamina son dos estimulantes de alta potencia del sistema nervioso central. El consumo de estas sustancias produce:
- Sensación de euforia intensa
- Incremento de la energía
- Aumento del deseo sexual
- Disminución del cansancio
Estos cuatro efectos provocan, como decíamos, que la actividad sexual se prolongue por horas, e incluso días provocando un coste importante para el cerebro.
Conforme aumentan la duración y la frecuencia del consumo comienzan a aparecer:
- Ansiedad intensa
- Irritabilidad
- Insomnio
- Pensamientos paranoides
- Conductas impulsivas
- Episodios de psicosis
Por otro lado, encontramos el GHB que representa el otro gran peligro del chemsex. A diferencia de los estimulantes que acabamos de comentar, esta sustancia actúa como depresora del sistema nervioso central.
Cuando entra en juego el GHB, el riesgo es aún mayor ya que una pequeña diferencia en la dosis puede hacer que pasemos la línea de los efectos buscados y terminemos con una intoxicación grave.
Entre las complicaciones de esta sustancia están:
- Somnolencia intensa
- Pérdida brusca de la conciencia
- Depresión respiratoria
- Convulsiones
El consumo combinado de estas tres sustancias hace que obliguemos a nuestro cuerpo a estar en un equilibrio artificial entre activación y relajación que incrementa el riesgo de complicaciones médicas.
Brotes psicóticos durante el chemsex
Uno de los peligros menos conocidos del chemsex pero también de los más graves, es la aparición de brotes psicóticos relacionados con el consumo de determinadas sustancias. Es importante poder reconocer sus síntomas y comprender cuándo estamos ante una verdadera urgencia médica ya que una intervención temprana puede ayudar a evitar complicaciones más serias para la salud mental.
Señales de alarma que hay que tener en cuenta
Como decimos, uno de los escenarios más graves es el desarrollo de un brote psicótico. Este brote no se trata de una persona que pierde los nervios sino de una urgencia psiquiátrica que puede poner en peligro tanto a la persona que la sufre como a las personas que están a su alrededor.
Entre los principales signos de alarma se encuentran:
- Delirios de persecución
- Creer que otras personas quieren hacerle daño
- Alucinaciones auditivas o visuales
- Agitación
- Conductas desorganizadas
- Miedo extremo
- Agresividad
- Ideas suicidas
Otro problema que nos encontramos con este tipo de trastornos es que no siempre desaparecen cuando finaliza el consumo.
En algunos pacientes, el consumo repetido puede terminar desencadenando un trastorno psiquiátrico persistente. Especialmente en aquellos casos en los que ya existía una vulnerabilidad previa.
De ahí que, los pacientes que han llevado a cabo este tipo de prácticas muchas veces se enmarquen dentro de la patología dual, ya que convive la adicción con un trastorno de salud mental y ambas requieren un tratamiento conjunto.
Atención médica inmediata
Existe una falsa idea de que un brote psicótico se resuelve con reposo y descanso pero no es así. Ante un episodio de este tipo es imprescindible acudir a un servicio de urgencias para realizar:
- Valoración médica completa
- Exploración psiquiátrica
- Tratamiento farmacológico
- Observación hospitalaria en los casos más graves
Tratamiento del chemsex y recuperación de la salud mental
Superar una adicción relacionada con el chemsex requiere mucho más que abandonar el consumo ya que, cuando en un mismo paciente cohabitan episodios psicóticos, dependencias y problemas de salud mental, es necesario realizar un abordaje integral que trate tanto la adicción como las causas que la mantienen.
En los episodios más graves, una vez superada la fase aguda es cuando comienza el verdadero proceso de recuperación.
En este punto, los especialistas coinciden en que el tratamiento más eficaz combina diferentes áreas de intervención:
- Desintoxicación cuando existe dependencia.
- Tratamiento psicológico individual.
- Atención psiquiátrica.
- Trabajo sobre trauma y regulación emocional.
- Prevención de recaídas.
- Educación en salud sexual.
- Estrategias de reducción de daños.
- Apoyo familiar y social cuando resulta adecuado.
Este abordaje integral, del que hemos hablado en tantas ocasiones, permite tratar no solo el consumo, sino también las causas que mantienen la conducta adictiva del paciente.
Como siempre que existe una adicción, detrás del chemsex también nos encontramos factores como la ansiedad, la depresión, la baja autoestima, el aislamiento, experiencias traumáticas o dificultades para gestionar determinadas emociones.
Si estos aspectos no se abordan, el riesgo de recaída seguirá existiendo.
¿Cómo podemos ayudarte desde Centro Elphis?
Como cualquier problema de adicción, entendemos que éste no radica en una falta de voluntad, sino que el cerebro y el cuerpo han desarrollado una dependencia tanto a la sustancia como a la práctica, lo que hace que sea necesario un abordaje multidisciplinar.
Lo más importante para un tratamiento de este tipo es crear un espacio seguro, libre de juicios y respetuoso tanto con la identidad de género como con la orientación sexual.
A partir de aquí, como en todos los procesos que hacemos en Centro Elphis, el marco de trabajo debe ser multidisciplinar:
- Atención psiquiátrica: para gestionar la abstinencia y tratar posibles comorbilidades (ansiedad, depresión)
- Apoyo psicológico: abordando traumas enterrados como la homofobia interiorizada o carencias afectivas.
- Colaboración con comunidades LGTBIQ+ ayuda a generar círculos sociales que eviten el aislamiento.
Los objetivos terapéuticos van más allá de cesar el consumo e incluyen también la reconstrucción de una identidad alineada con los propios valores.
Se trabaja de manera intensiva el manejo del craving, la prevención de recaídas y, sobre todo, el fortalecimiento de la autoestima.





