
Atreverse a reconocer que se tiene un problema con alguna sustancia adictiva es un gran paso, pero cuando se entrelazan la adicción a una sustancia, la intimidad sexual y usuarios con problemas de inseguridad, rechazo u homofobia interiorizada fruto de su propio desarrollo, nos encontramos sumergidos en un ciclo de dependencia del que parece imposible salir. En Centro Elphis sabemos que el fenómeno del chemsex en Madrid y otras grandes ciudades ha crecido de manera silenciosa al amparo del miedo y el estigma.
Este artículo pretende ofrecer luz a aquellas personas que sienten que han perdido el control y desean recuperar una sexualidad libre, sana y consciente.
¿Qué es el chemsex?
Para entender bien esta nueva epidemia es necesario mirar más allá del consumo recreativo y ser capaces de bucear y entender el marco cultural en el que se desarrolla, así como el fuerte impacto cerebral que provoca.
El fenómeno del chemsex y su normalización cultural
El chemsex se define como el uso recreativo de drogas en contextos sexuales entre hombres que mantienen sexo con hombres (GBHSH). Este concepto no se refiere a un uso esporádico de sustancias como la metanfetamina (tina), la mefedrona (mf) o el GHB (G), sino que son usos continuados en el tiempo para facilitar y prolongar las relaciones sexuales durante horas o incluso días.
El auge de las aplicaciones de contactos basadas en la geolocalización ha facilitado exponencialmente la organización de estos encuentros o “sesiones”. Términos como “chill”, “vicio” o “chuches” se han normalizado hasta el punto de ser ampliamente conocidos dentro de los círculos que buscan este tipo de experiencias.
Las estadísticas son demoledoras a la par que lentas, ya que los estudios más actuales datan del año 2021, lo que nos obliga a leer estos datos con mucha cautela y pensar que se puede estar infradimensionando la problemática.
- Según el estudio Homosalud 2020, un 27,5% de los encuestados en España consumió drogas para tener sexo en el último año.
- Ese mismo estudio confirma que entre un 9% y un 10% lo hizo en contextos específicos de chemsex.
- El estudio titulado Aproximación al Chemsex en España (2021) estima que el chemsex en Madrid roza el 10% de prevalencia, siendo una de las ciudades con mayor incidencia.
- Adicionalmente, varios informes advierten que alrededor del 10% del colectivo gay madrileño se ve afectado por esta práctica.
El impacto neurobiológico y la doble adicción
El gran problema del consumo de estas nuevas sustancias es que están hechas precisamente con un objetivo claro: reventar el cerebro.
Estas drogas de diseño activan violentamente el sistema de recompensa dopaminérgica y generan euforia e hiperexcitación sexual imposibles de sentir de manera natural.
Con la repetición, el cerebro termina asociando el consumo con el placer sexual, generando un aprendizaje conductual por el cual la droga en sí es la única puerta a la excitación y satisfacción sexual que desemboca en un deseo irrefrenable (craving) por volver a consumir esas sustancias.
Además de esta asociación, los momentos de consumo ayudan en dos áreas muy críticas:
- Ayudan a evadir los sentimientos de soledad no deseada, el estrés y la sensación de vacío.
- Compensan la inseguridad personal, el miedo al rechazo, y en muchas ocasiones, la homofobia interiorizada fruto de su propio aprendizaje social.
Esto genera una patología dual compleja: una adicción química a la sustancia y una adicción conductual a la propia dinámica sexual vinculada al consumo. Por ello, superar este reto exige un tratamiento de adicciones sexuales y drogas altamente especializado.
Señales de alerta en la práctica de chemsex
En una práctica con líneas tan borrosas entre la experimentación y la adicción, que un usuario reconozca que tiene que dejar el chemsex es un paso de una gran valentía. Para poder llegar a este punto es necesario analizar algunos indicadores.
Pérdida de control y comportamiento repetitivo
El signo más evidente de estar padeciendo una adicción a la mefedrona, a la tina o al GHB es la incapacidad de disfrutar del sexo sin ninguna de estas sustancias ni el contexto
que lo rodea.
A esta evidencia podemos añadir otras habituales en el consumo y conductas adictivas:
- Necesidad de aumentar la dosis para lograr el mismo efecto.
- Organizar la semana laboral y personal en torno a la próxima “sesión”.
- Uso compulsivo de apps de contactos en búsqueda de “chills”.
- Formar parte de sesiones de más de 24 horas continuadas.
Cómo dejar el chemsex: el camino hacia una sexualidad libre
Como cualquier problema de adicción, entender que este no radica en una falta de voluntad es necesario para poder avanzar. El cerebro y el cuerpo han desarrollado una dependencia severa tanto a la sustancia como a la práctica, por lo que dejar el chemsex requiere de ayuda clínica profesional.
El proceso terapéutico para recuperar la vida
Lo más importante para un tratamiento de este tipo es crear un espacio seguro, libre de prejuicios y respetuoso tanto con la identidad de género como con la orientación sexual. Es fundamental no criminalizar la sexualidad del paciente, sino centrarse en sanar el vínculo dañado entre el placer y el consumo.
Como en todos los procesos que hacemos en Centro Elphis, el marco de trabajo debe ser multidisciplinar:
- Atención psiquiátrica: para gestionar la abstinencia y tratar posibles comorbilidades (ansiedad, depresión)
- Apoyo psicológico: abordando traumas enterrados como la homofobia interiorizada o carencias afectivas.
- En estos casos, la colaboración con comunidades LGTBIQ+ ayuda a generar círculos sociales que eviten el aislamiento.
Los objetivos terapéuticos van más allá de cesar el consumo e incluyen también la reconstrucción de una identidad alineada con los propios valores.
Se trabaja de manera intensiva el manejo del craving, la prevención de recaídas y, sobre todo, el fortalecimiento de la autoestima.





