
Cuando un usuario decide pedir ayuda por una adicción no siempre es sencillo. Lo más complicado para esta persona no suele ser imaginarse a sí mismo siguiendo un tratamiento sino el propio hecho de coger el teléfono y hacer la primera llamada. En este momento previo, pueden aparecer pensamientos como: ¿qué me van a decir?, ¿me van a juzgar?, ¿realmente tengo un problema? o ¿qué va a pasar con mi vida si me doy cuenta de que no puedo controlarlo?
En este momento se mezclan numerosos pensamientos como la culpa, la vergüenza, el miedo o el fracaso. Son reacciones frecuentes en esta etapa. Más aún cuando el propio paciente lleva meses, a veces años, ocultando, minimizando y tratando de controlar (pero sin éxito) determinadas conductas nocivas para sí mismo.
Sin embargo, una primera llamada, un primer contacto o una primera entrevista no es sinónimo de fracaso, ni de vergüenza. Es solo un primer paso para tratar de comprender lo que está sucediendo y abrir los ojos ante una posible ayuda para lograr lo ya ronda en la cabeza del paciente desde hace tiempo.
Reconocer lo que está ocurriendo no significa reconocer un fracaso
Uno de los motivos principales que nos encontramos a la hora de que un paciente solicite ayuda suele estar en la propia percepción que la persona tiene de sí misma y de lo que está viviendo.
En muchas ocasiones saben que tienen un problema de consumo o que hay una conducta descontrolada que está provocando problemas pero a la vez consideran que, como personas adultas, deberían ser capaces de solucionarlas por sí mismas.
También aparece la vergüenza. Una emoción muy potente que puede llevar al bloqueo ya que, el hecho de reconocer la ocultación del consumo, las mentiras arrojadas, el sobre gasto de dinero o el incumplimiento continuado de promesas generan sentimientos muy poco agradables y una pregunta recurrente: ¿por qué sigo haciendo algo que me está dañando?
La respuesta a esta pregunta no enlaza, ni mucho menos, con las emociones negativas que comentábamos sino con algo mucho más sencillo: la adicción es una enfermedad que atrapa a las personas en patrones de conducta que, aunque ellos mismos reconocen como perjudiciales y contrarios a sus propios valores, son difíciles de detener.
Tomar conciencia sobre esto no significa que se elimine la responsabilidad sobre los propios actos o decisiones ni sobre las consecuencias generadas a raíz de esos actos. Significa que la recuperación no pasa por frases hechas como “esfuérzate más” y sí por una identificación de patrones que disparan determinadas conductas.
¿Por qué si me hace daño, sigo haciéndolo?
Esta es una de las primeras preguntas que una persona se hace cuando se da cuenta de que puede existir un problema de adicciones.
La respuesta es la base de toda adicción. El consumo o la conducta adictiva se han asociado a determinadas emociones, situaciones, personas o lugares que hacen que en determinados contextos, la persona recurra a lo que ha aprendido que funciona: consumir.
Con el tiempo, estos aprendizajes pueden hacer que aparezca un impulso intenso hacia el consumo o la conducta, incluso cuando racionalmente la persona sabe que no quiere continuar por ese camino.
Por eso una de las contradicciones más dolorosas suele ser el hecho de no ser capaz de parar una conducta que es dañina para uno mismo.
Entender esta contradicción ayuda a los pacientes a dejar a un lado una mirada de reproche hacia sí mismos y cambiarla por otra centrada en la comprensión y la benevolencia.
Del primer contacto a la primera entrevista: ¿qué sucede cuando decides pedir ayuda?
Como en todo, la forma más eficaz de reducir el miedo es saber qué resultado va a tener determinada acción.
La primera llamada a un centro de adicciones permite al paciente explicar con sus propias palabras y de la manera que mejor sienta qué es lo que le está preocupando. En esta llamada no se desarrolla ningún relato profundo ni se espera un diagnóstico. Es, como decimos, un primer contacto que ayuda a romper el hielo y a decir en alto lo que lleva tiempo cocinándose en la cabeza del propio afectado.
A partir de esta llamada, se establece una primera entrevista donde un profesional cualificado trata de conocer y profundizar un poco más en la situación concreta y en las necesidades de la persona. En esta entrevista suele abordarse temas como:
- Qué sustancia o conducta es la que está generando problemas
- Desde cuándo existe el problema y cómo ha ido evolucionando
- Con qué frecuencia se ha estado produciendo y si ha aumentado
- Si han existido intentos fallidos previos de parar el consumo o la conducta
- Qué consecuencias está teniendo en las relaciones, trabajo o vida cotidiana
- Cuál es el estado emocional de la persona
- Qué espera lograr
Abordar estas cuestiones ayuda a comprender la situación desde una perspectiva clínica y poder valorar los siguientes pasos.
Cómo saber si ha llegado el momento de pedir ayuda
Lo cierto es que no existe una regla universal sobre cuál es el momento perfecto para que un paciente pida ayuda. Lo que sí es importante es tener en cuenta que no hay que esperar a que las consecuencias sean graves hasta el punto de que todas las áreas de la vida se hayan visto afectadas.
Normalmente, la respuesta a esta pregunta está en saber si uno sigue teniendo control sobre la conducta o si ésta es la que ha tomado el timón.
Cuando empiezas a perder el control sobre la conducta
Hay determinadas señales que permiten ver si merece la pena o no hablar con un profesional. Cuestiones clave como:
- Se ha intentado reducir el consumo sin éxito
- Cada vez piensas más en retomar la conducta
- Minimizas lo que haces
- Tiene efectos negativos sobre las relaciones, trabajo, economía o bienestar
- Rompes lo límites que te has puesto
- Consideras que cada vez inviertes más tiempo en esa conducta
No es necesario identificarse con todas las cuestiones para dar el paso a pedir ayuda. De hecho, un primer contacto suele servir precisamente para aclarar si existe un problema de adicciones o no así como la gravedad del mismo y el tipo de intervención que sería necesaria.
Cuando sabes que quieres cambiar pero no puedes
En estos momentos iniciales también puede darse la existencia de una dicotomía entre querer cambiar y tener dudas sobre si es necesario cambiar algo. Esta ambivalencia es frecuente y válida ya que tener dudas es parte del proceso de cambio.
Al igual que con el control, tener una primera toma de contacto puede ayudar a tomar el siguiente paso y decidir si es el momento o no de avanzar con un tratamiento
Como decimos, pedir ayuda no es haber fracasado. Significa haber sido capaz de identificar una dificultad (como cualquier otra) en la vida y haber decidido afrontarla desde un lado diferente: el acompañamiento.
En Centro Elphis podemos ayudarte a valorar tu situación, resolver tus dudas y encontrar el tratamiento más adecuado para empezar a recuperar el control sobre aquello que hoy sientes que se te está escapando.



