Todavía hoy, muchos años después de que la adicción sea contemplada como una enfermedad mental, sigue quedando la sombra del estigma social. Aún hoy, existe entre la población una perspectiva del adicto como una persona viciosa, irresponsable y carente de valores. Aún hoy, queda el pensamiento de que es el propio adicto el que se ha buscado estar así.

Es llamativo como en nuestra cultura está totalmente normalizado el consumo de alcohol; como se considera en cierto modo, normal, el flirteo con determinadas drogas durante la juventud e incluso como determinadas partes de la sociedad, están de acuerdo con la legalización de algunas de estas drogas. Eso sí, cuando llega el problema, cuando llega la enfermedad, etiquetamos a estas personas adictas, como débiles y carentes de voluntad. Pero la realidad es bien distinta, son enfermos y como tal, ninguno estamos libres de caer en la enfermedad de la adicción. Para entender que el adicto no busca su enfermedad, primero hay que saber que la etiología (causas) de esta enfermedad es multidimensional. Con ello queremos decir que entran en juego factores psicológicos, biológicos y sociales, ninguno de ellos determinantes per se.

El estigma social en la adicción interfiere de pleno en la posibilidad de recuperación del adicto. ¿Queréis saber cómo?

EL ADICTO

El primer problema del estigma social en la adicción recae directamente sobre el enfermo y en concreto, en el reconocimiento de su enfermedad. Muchas veces el adicto vive su sufrimiento en auténtica soledad, con miedo a reconocerlo por las posibles consecuencias que a nivel social y laboral esto pudiera acarrear.

LA FAMILIA

El segundo problema del estigma social en la adicción está directamente asociado a la familia. Una vez la familia es conocedora del problema, en muchos casos, esconde la realidad por miedo a que la imagen de su familiar quede dañada. Aquí, nos encontramos con un grave problema que llevará en muchas ocasiones a la familia, a tapar y/o excusar los problemas en los que se ve envuelto el adicto (salud, sociales, laborales…) alimentando de esta forma a la enfermedad.

EL TRATAMIENTO

El tercer problema asociado al estigma social en la adicción queda vinculado a la recuperación del adicto. Una vez el adicto entra en tratamiento, es de vital importancia que su círculo más próximo reconozca la enfermedad como tal y cuente con la información necesaria sobre la misma. El tratamiento para la adicción está orientado a la abstinencia total y mantenida en el tiempo de cualquier tipo de sustancia, incluida el alcohol. Esto conlleva, que durante tiempo el adicto deberá modificar sus hábitos de vida, incluyendo su ausencia en determinadas reuniones familiares que pudieran poner en riesgo su recuperación. Este punto, conlleva en muchos de los casos disputas familiares, ya que nadie entiende por qué de la noche a la mañana, esta persona a dejado de estar presente en algunas situaciones. Desde el conocimiento de la enfermedad es mucho más fácil entender el por qué  y de esta forma conseguir que el adicto se sienta comprendido y apoyado.

Por todo ello, entendemos la necesidad de que la sociedad conozca la enfermedad de la adicción y que se deje de etiquetar bajo calificativos negativo a personas que han desarrollado una patología. Desgraciadamente muchos de nosotros, no nos hayamos libres de caer en ella o de que un familiar cercano la padezca.

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