
La vuelta de vacaciones no siempre significa regresar a la rutina que teníamos previamente. En ocasiones, para algunas personas, septiembre viene acompañado de una preocupación que ha permanecido oculta durante el periodo estival: el aumento del consumo en vacaciones.
Durante el tiempo que hemos estado disfrutando de las vacaciones hemos gastado más dinero, hemos incrementado la frecuencia de algunas conductas y en algunas ocasiones, han aparecido conflictos que antes no se producían.
La vuelta de vacaciones es un momento clave para poder darse cuenta de que, lo que durante unas semanas hemos podido justificar como algo excepcional, dejamos de poder sostenerlo cuando comienzan las rutinas, los horarios y las responsabilidades.
Este momento puede generar preocupación o miedo pero también es una buena oportunidad para detenerse a pensar, observar qué es lo que ha ocurrido y entender que las vacaciones en sí no generan un problema de adicción al alcohol, al juego o cualquier otra sustancia pero que pueden hacer este problema más visible.
¿Por qué las vacaciones visibilizan los problemas de adicciones?
Durante el año, las rutinas, los horarios, las responsabilidades y el ajetreo del día a día actúan como una estructura firme que limita determinados comportamientos pero la libertad que tenemos en vacaciones hace que estas barreras de contención se abran y nos permitan dar rienda suelta a nuestras apetencias, siempre sostenidas por pensamientos del tipo: “me lo merezco”, “estoy de vacaciones”, “es solo esta vez”.
Aún así, el aumento del consumo en vacaciones no debe interpretarse como un problema de adicción en sí, sino que lo importante es poder observar qué es lo que ha cambiado, cuánto control tenemos sobre la conducta y qué consecuencias ha tenido este cambio de consumo.
Menos rutinas, más tiempo libre y más oportunidades para el consumo
Que durante los meses de julio y agosto tenemos más tiempo libre, es un hecho. Y este mayor tiempo libre, como sociedad, tendemos a ocuparlo con situaciones asociadas al consumo: viajes, fiestas, terraceo, reuniones familiares, ocio nocturno o encuentros con amigos en general.
De este modo, una persona que durante el año solo bebe los fines de semana con amigos, puede empezar a beber varios días consecutivos como consecuencia de este mayor tiempo libre. Alguien que consumía algún tipo de droga solo en fiestas especiales, puede empezar a hacerlo de manera más habitual por existir una agenda más apretada de eventos sociales. O una persona que solo jugaba online los fines de semana, puede empezar a hacerlo en plataformas online por ejemplo al no tener nada que hacer.
Todas estas situaciones que parecen provocadas solo por tener mayor tiempo libre, pueden desencadenar un hábito difícil de romper cuando llega septiembre.
Cuando el consumo aumenta poco a poco y deja de parecer excepcional
Este cambio de patrón no siempre es evidente sino que puede ir dándose de una manera progresiva. El aumento del consumo en vacaciones puede reflejarse por consumir más cantidad, más días o durante más tiempo hacen que una conducta que inicialmente era puntual, termine convirtiéndose en un hábito.
Estos cambios pueden verse fácilmente en:
- Aumento del dinero destinado al consumo
- Aumento en la necesidad de consumir en determinadas actividades
- Dificultad para poder disfrutar del ocio si no hay un consumo
Es importante señalar que por sí solo, el incremento puntual no significa que exista una adicción. Sin embargo, cuando el incremento del consumo es por una pérdida de control y además existen intentos fallidos de disminuirlo, sí es momento de comenzar a prestar atención.
Señales que nos pueden ayudar a ver que algo ha cambiado
Por norma general, es más útil observar las consecuencias de nuestras conductas que intentar establecer la cantidad de veces que se repite para considerarlo un problema o no ya que una relación problemática con una sustancia o conducta puede manifestarse de diferentes maneras.
El aumento del consumo en vacaciones adquiere especial atención cuando existen problemas que impactan en el gasto de dinero, las relaciones con nuestro círculo más cercano o, sobre todo, la propia capacidad para decidir cuándo consumir y cuándo no.
Aumento en el gasto de dinero
Las vacaciones en sí provocan un incremento en el gasto de dinero y en ocasiones no es tan fácil identificar qué gastos van asociados a ocio general y qué otros gastos han ido destinados al consumo problemático.
En estos casos, las señales de alerta no son tanto el incremento en el gasto, como:
- Ocultar determinados gastos
- Restar importancia a las pérdidas económicas
- Pedir dinero
- Gastar dinero reservado a otros objetivos
- Sentir preocupación al revisar determinados movimientos bancarios
Importante será también saber qué lugar ha ocupado el consumo dentro de las propias decisiones económicas durante el periodo de vacaciones.
Conflicto con pareja, amigos o familiares
Compartir más tiempo con amigos, pareja o familiares puede ser en sí un motivo para que los conflictos aumenten. Pero es importante poder ver si estos conflictos se han dado por la propia convivencia o por situaciones como:
- organizar los planes de ocio alrededor de situaciones de consumo
- recibir comentarios sobre el propio aumento de consumo
- cambios de humor cuando no se puede consumir
- incumplimiento de planes para poder destinar el tiempo a la conducta problemática
En estas situaciones es importante reflexionar sobre qué fue lo que hizo que estallara la mecha para poder entender si existe un problema de consumo o solo irritabilidad ante la convivencia prolongada.
Cuando aparece la pérdida de control
Una de las señales más importantes no es cuánto o cuándo se consume, sino hasta qué punto la persona está siendo capaz de decidir sobre su propio consumo.
En estas situaciones, la pérdida de control queda patente cuando alguien se propone consumir menos y no lo consigue, cuando termina consumiendo más de lo que se había propuesto o cuando el consumo se produce en situaciones en las que había decidido no hacerlo.
También es significativo darse cuenta de si se continúa consumiendo a pesar de conocer las consecuencias que éste está provocando.
Aquí será el momento de preguntarse: “¿por qué no pude parar si realmente quería hacerlo?” ya que obtendremos mucha más información que preguntarnos únicamente “¿cuánto he consumido?”.
¿Qué hacer si al volver de vacaciones descubres que tienes un problema?
Lo más importante es entender que el reconocer que tenemos un problema no significa que estemos ante una situación irreversible ni que tengamos que enfrentarnos a esta situación en solitario.
Además, la vuelta a la rutina puede ser un buen momento para revisar si el patrón de consumo vuelve a la normalidad o no y en caso de que no se vuelva a la normalidad siempre será importante no alarmarse ni culpabilizarse.
También es importante intentar dar respuesta con honestidad a estas preguntas:
- ¿He consumido más que antes de las vacaciones?
- ¿Con qué frecuencia lo he hecho?
- ¿He gastado más dinero del que tenía previsto?
- ¿He tenido conflictos relacionados con el consumo?
- ¿He intentado parar o reducir y no lo he conseguido?
- ¿Estoy teniendo dificultades para recuperar mi comportamiento anterior?
Nuestra experiencia en Centro Elphis
Como centro especializado en adicciones estamos acostumbrados a ver cómo septiembre llega con un aluvión de personas con esta misma preocupación.
A todos los que llegan les realizamos una evaluación inicial para entender el alcance del problema y en los casos en los que detectamos un patrón de consumo fuera de lo normal comenzamos a trabajar en procesos holísticos de desintoxicación y/o deshabituación.
Si sientes que al volver de vacaciones has perdido el control que antes tenías sobre el alcohol, el juego o cualquier otra sustancia, no dudes en ponerte en contacto con nosotros para ayudarte a salir de dudas.



