Características de un adicto: sus rasgos psíquicos más habituales

Características de un adicto: sus rasgos psíquicos más habituales

Resulta fundamental conocer las características de un adicto cuando se quiere ayudar a uno. Identificar sus principales rasgos de personalidad es clave para saber cómo abordar la relación de una persona con sus adicciones. A continuación, analizamos cómo es y se va configurando la figura del adicto.

¿Cómo piensa un adicto a las drogas?

Si queremos saber cuáles son las características de un adicto, en concreto cómo piensa, hemos de comenzar teniendo claro en qué consiste tener una adicción. A grandes rasgos, se da cuando una persona manifiesta una situación de dependencia hacia alguna sustancia o algún hábito.

La pulsión de satisfacer las necesidades de esta situación de dependencia altera todos sus hábitos vitales. Podemos decir que el adicto vuelca toda su vida hacia la consecución de las acciones o los contextos que le dan placer o mitigan su malestar.

Estamos acostumbrados a interpretar las adicciones en relación con el consumo de sustancias psicoactivas. Son las comúnmente llamadas drogas legales o ilegales, el alcohol es la más popular de ellas.

Sin embargo y sobre todo en los últimos tiempos, se están dando con cada vez más frecuencia las adicciones a determinados hábitos que se van poniendo de moda. Por eso, también podemos considerar en esta categoría, entre otros, problemas como el juego o las compras.

Por eso, si deseamos saber qué pasa por la cabeza de un adicto, primero tenemos que conocer qué sustancia o hábito está generando su dependencia. El siguiente paso consiste en desentrañar por qué motivos se establece esta necesidad sobrevenida.

¿Cómo tratar a un adicto a las drogas?

Nos vamos a centrar en cómo tratar a un adicto a las drogas. Sin duda, el consumo de drogas está detrás de las dependencias más fuertes y habituales que se producen en nuestras sociedades. En este sentido, lo primero que podemos destacar es que, aunque cambien los contextos socioculturales de cada lugar y época, las características de los adictos se mantienen de una forma permanente. Son bastante comunes en cualquier espacio y tiempo.

Lo que sí puede cambiar bastante son las circunstancias personales de cada adicto. Nos referimos a por qué se droga cada uno de ellos. La explicación de este comportamiento tiene que ver con cuestiones personales y sociales. Por consiguiente, en cada afectado van a concurrir una o más causas que expliquen a qué se debe esta problemática.

Existe una serie de tesituras que se convierten en facilitadoras de esta clase de consumos. Por lo que respecta a las de tipo personal, hemos de remarcar la inestabilidad emocional. Hay personas que tienen una escasa tolerancia a la frustración y pueden optar por la vía de escape que les proporcionan las drogas para olvidarse de estos sentimientos tan dolorosos.

En algunos casos, estos perfiles pueden manifestar tendencias narcisistas o evasivas. Las drogas les pueden servir para canalizar unos sentimientos que les resultan difícilmente soportables, por sus contradicciones, en condiciones de sobriedad.

Asimismo, existen circunstancias del entorno que tienen una gran influencia en estos patrones de consumo. Es posible que se copien o se contesten los hábitos que se han visto en el seno de la familia. De igual manera que pueden reproducirse los comportamientos conocidos en el hogar, también, si uno se ha criado en un ambiente prohibicionista o puritano, puede surgir el consumo como una forma de rebeldía.

Por último, el entorno que se elige, el de los amigos, tiene una alta incidencia en las pautas de consumo. Si, por ejemplo, se está en un grupo de amistades en el que drogarse es una actividad común, el hábito se va a repetir de forma natural incluso en situaciones en las que no se habría ni valorado. La facilidad del acceso y la desinhibición son factores favorecedores del consumo.

¿Cómo ayudar a una persona adicta a las drogas?

Quienes se preguntan cómo ayudar a una persona adicta a las drogas tienen que hacer un esfuerzo por comprender qué sentimientos y pulsiones están pasando por la mente y las reacciones fisiológicas de un adicto. Hemos de tener en cuenta, como paso previo, que un adicto es un enfermo.

Un enfermo merece comprensión, aunque eso no significa que el cuidador del adicto o quien se ha preocupado por él conceda una permisividad absoluta a sus deseos. En consecuencia, la primera fase de un tratamiento tiene que pasar por ayudar al enfermo a entender que tiene un problema.

Lo normal, en estos supuestos, es que el adicto no reconozca dicho problema y entre en un bucle de victimismo. Por lo general, va a culpar a todos, haciendo uso del mecanismo psicológico de la proyección, de todas sus carencias o excesos. Su finalidad es la de no abordar lo que le pasa, puesto que le da un comprensible miedo. Miedo, por ejemplo, a no poder justificar un cúmulo de acciones poco decorosas.

En la línea de esta estrategia, va a tratar de manipular a todos los que estén a su alrededor. Por una parte, para no abandonar, en plena huida hacia adelante, el discurso de la negación y del autoengaño. Por otra parte, para poder seguir consumiendo drogas, cada vez de forma más abundante y compulsiva. El delirio al que le puede llevar mantener a largo plazo este modo de vida puede hacer que incluso comience a mentirse a sí mismo.

¿Qué hacer si un adicto a las drogas no quiere internarse?

La internación en un centro de desintoxicación supone una solución drástica en el marco del abordaje de los problemas de la drogadicción. No hace falta llegar a situaciones extremas para proponerla, pero ¿qué hacer si un adicto no quiere internarse? Lo primero es tener en cuenta las características de un adicto a las drogas y mantener la calma, por si se dan reacciones violentas. Posteriormente, va a venir bien buscar ayuda profesional para saber cómo encarar una intervención convincente acerca de los beneficios de esta alternativa.

Las características de un adicto se repiten en el común de estos enfermos. Sin embargo, pueden cambiar, según los perfiles, el proceso de desarrollar la dependencia y la manera de manifestarla. Por tanto, vale la pena conocer los elementos facilitadores de la adicción y las tendencias de comportamiento para atajar un hábito destructivo. Para obtener más información y ayuda, recomendamos enviar las dudas a nuestro centro de tratamiento.

Efectos de la cocaína en adolescentes y adultos

Efectos de la cocaína en adolescentes y adultos

Los efectos de la cocaína no solo son visibles a nivel mental y físico, sino que también afectan en gran medida al ámbito social, laboral, familiar y, por supuesto, al económico.

Los consumidores de cocaína desarrollan una adicción que termina controlando toda su vida. Se ven dominados por una serie de hábitos y conductas que desencadenan una crisis personal que destruye todos los pilares fundamentales de su vida.

Efectos de la cocaína en el cerebro

Su consumo afecta directa y agresivamente a este órgano ya que, al ser de fácil absorción, llega directamente a él y sus efectos se presentan al poco tiempo de consumirla.

Es conocida y característica por la inmediata sensación de euforia y placer que proporciona al ser administrada. Según cómo se consuma, puede producir unos efectos u otros:

  • Vía nasal, una de las formas más extendidas entre adolescentes. Puede ocasionar hemorragias nasales, problemas para tragar los alimentos, ronquera al hablar, alteración o pérdida del olfato, goteo constante, e incluso destrucción del tabique nasal que puede necesitar cirugía.

Además, la cocaína puede estar mezclada con sustancias tóxicas que también entrarán al organismo como almax, analgésicos, tiza, speed, talco e incluso detergente en polvo.

  • Oral: la cocaína causa vasoconstricción. Al reducir el flujo sanguíneo puede generar una grave gangrena en el intestino que derive en la muerte del músculo liso del mismo.
  • Intravenosa. Esta manera de administrar la sustancia aumenta el riesgo de contagio del VIH y de la hepatitis C. El efecto de desinhibición conlleva que se descuiden las medidas de protección en las relaciones sexuales y, por ello, aumente la probabilidad de contraer infecciones de transmisión sexual. Además, pueden darse reacciones alérgicas graves provocadas por las sustancias tóxicas añadidas a la cocaína pura. 
  • Pulmonar (cocaína fumada). Además de tos, cuadros de asma graves y dificultad para respirar, la cocaína aumenta el riesgo de sufrir enfermedades respiratorias como taquipnea, hemorragia pulmonar, neumotórax, neumonía y perforación del tabique nasal.

Cuando el consumo de cocaína empieza a ser recurrente y/o habitual, los efectos “positivos” cada vez son más difíciles de conseguir porque el cerebro va adaptándose a la sustancia. Poco a poco, se van necesitando dosis más altas de droga, aumentando con ello el riesgo de sufrir graves consecuencias.

La cocaína a corto plazo…

Los efectos inmediatos más buscados por quienes la consumen son:

  • Mejora del estado de ánimo, exaltación del bienestar
  • Ausencia de cansancio y fatiga
  • Potencia la seguridad en uno mismo
  • Elimina la sensación de sueño y hambre

Pero inmediatamente después se produce el efecto rebote, ocasionando inquietud, cansancio, angustia, apatía, impulsividad, agresividad y aumento del ritmo cardíaco y temperatura corporal.

Además, provoca un gran aumento de la presión arterial que puede desencadenar un ictus, infarto de miocardio y, en las peores ocasiones, una muerte súbita cardiaca. Grandes dosis pueden llegar a generar temblores, convulsiones e incluso alucinaciones. 

Efectos de la cocaína a largo plazo

El consumo mantenido a lo largo del tiempo puede hacer que el organismo sea más sensible a sufrir convulsiones y ansiedad. El usuario presenta irritabilidad, nerviosismo, inquietud e incluso paranoia. Esta última consecuencia puede derivar en episodios de psicosis paranoide, con alucinaciones auditivas y visuales que aparten a la persona de la realidad.

Además de los efectos psicológicos y fisiológicos, la cocaína termina sumiendo a la persona en problemas encadenados: pagos que no puede asumir, deudas acumuladas por préstamos que ha solicitado, discusiones familiares… Y un estado de ánimo tan inestable propicia problemas laborales por falta de concentración, ausencias o errores graves; aislamiento social; discusiones con las personas más queridas… 

Si alguno de estos es tu caso y te has visto identificado con los efectos de la cocaína que hemos descrito, tranquilo, estás en el lugar correcto. Podemos ayudarte a recuperar el control de tu vida y a dejar de ser esclavo de una sustancia. Ponte en contacto con nosotros y te acompañaremos en el proceso a través de un programa personalizado, con un plan de acción adaptado a ti, a lo que necesitas, lo que quieres ¡y lo que mereces! 

Consejos para hablar con tu hijo sobre su adicción

Consejos para hablar con tu hijo sobre su adicción

Habitualmente, los adolescentes que empiezan a consumir drogas se esfuerzan mucho por esconderlo, evitar el tema e incluso se ponen a la defensiva cuando se intenta tratar la situación. Es normal que pienses: ¿qué hago entonces para que sepa que solo intento ayudarle y que estoy a su lado? ¿Realmente puedes hablar con tu hijo sobre adicciones?

En primer lugar, desde Centro Elphis os recomendamos solicitar consejo profesional para afrontar la situación. A continuación, os dejamos unas pautas para establecer un contacto inicial con tu hijo y poder hablar sobre su adicción, mostrándole que estás ahí y que le apoyarás le apoyarás en el camino desde el momento en el que decida pedir ayuda.

Sabemos que el objetivo de hablar con él es que tu hijo deje de consumir, pero sé consciente de que es un proceso largo en el que debéis ir paso a paso. El primer objetivo es poder hablar con tu hijo sobre adicciones y que se apoye en ti. Para ello, te servirá seguir estas pautas:

  • Elige un momento en el que esté tranquilo/a y no haya consumido Una tarde que vayáis a pasar juntos haciendo algo que os guste y con lo que lo paséis bien, puede ser una buena opción para que se encuentre a gusto y esté más receptivo/a.
  • Al hilo de esto, intenta que no haya nadie más en casa y tengáis la máxima intimidad posible. Hablar con tu hijo sobre su adicción en lugares donde crea que quizás pueden estarle viendo o escuchando no ayudará a que se sienta relajado para hablar de ello.
  • Organiza las ideas en tu cabeza antes de que llegue el momento, así evitarás no saber cómo reaccionar o decir algo que no querías decirle. Piensa en las posibles situaciones que se podrán dar a lo largo de la conversación y cómo responderás ante ellas.
  • Aunque tengas la sospecha o evidencia de que consume, evita formular acusaciones directas relacionadas con ello. Puede que se sienta atacado, se ponga a la defensiva y no consigamos mantener la conversación
  • Puedes introducir el tema contándole qué sensaciones te han llevado a hablar con él sobre este asunto, cómo te sientes tú y cómo está afectando esta situación a la dinámica familiar. Por supuesto, nunca será una buena razón decirle que has mirado en sus cajones y has encontrado algo, eso solo empeorará la situación y sentirá que has violado su intimidad. Utiliza frases como “hemos visto que últimamente estás un poco más distante”, “creemos que hay algo que te está preocupando y nos gustaría poder ayudarte”, “nos haría muy felices que fueras sincero con nosotros y que tuviéramos confianza para hablar de lo que está pasando últimamente para que podamos entenderte, estar a tu lado”…

hablar adicciones hijos

  • Observa qué actitud adopta frente a lo estáis hablando, porque puede ser que adviertas síntomas de depresión o de cualquier otro problema que debas trasladar a un profesional y que también necesite tratamiento.
  • Háblale siempre desde el respeto y la comprensión. Nunca le hagas sentir culpable ni le menosprecies con frases como “vas a arruinar esta familia”, “sabía que ibas a acabar así”, “cómo has llegado a esto si tu hermano es ingeniero…”. Muchas de las personas adictas ya tienen momentos en los que sienten que no sirven para nada, sufren por el malestar que causan a su entorno, se sienten avergonzados… Por eso no debemos enfatizar ese sentimiento, sino hacerle sentir capaz y válido para hacer lo que se proponga si sale de esta situación.

Cuando existe un vínculo con la persona adicta, hablar sobre su adicción es más complicado. Es probable que afirme que son los demás los que están equivocados, que “no es para tanto” o, en el caso de los adolescentes, que todos sus amigos lo hacen. Por eso es importante que la familia una fuerzas para no caer en la manipulación y que os mantengáis firmes ante la evidencia de que necesita ayuda para dejar de consumir las sustancias que le están dañando.

Afortunadamente os habéis dado cuenta de que debéis actuar y que solo existen dos vías para poder ayudarle: hablar con él o ella para que inicie un tratamiento o solicitar una intervención de profesionales que le ayuden a romper la negación y a ser consciente de que necesita apoyo para salir de su adicción.

¿CUÁNDO TE FUISTE? VIVIR CON UN ADICTO

¿CUÁNDO TE FUISTE? VIVIR CON UN ADICTO

Es frecuente escuchar a los familiares de mis pacientes referirse a ellos hablando en pasado ¿por qué? ¿es que acaso ya no están? Pues desgraciadamente en la mayoría de las ocasiones no, o al menos, no ese ser querido con el que se podía hablar y contar, de todo y para todo. Desgraciadamente, un adicto tiene sus actos y pensamientos secuestrados por la enfermedad de la adicción. No es él, no está. Quizá muchos piensen que es una exageración, pero creedme, no lo es. El adicto vive una “rrealidad paralela” en la que sus pensamientos han de justificar sus acciones para evitar su propio sufrimiento. El adicto está convencido de que su manera de actuar y relacionarse con los demás es correcta. Ha aprendido a protegerse desde la falsa creencia de que la mejor de sus defensas siempre es un buen ataque. Para ellos, asumir que lo que sucede a su alrededor no es más que el resultado tangible de su adicción duele, y ya sabemos que el adicto no maneja muy bien el entramado de emociones negativas que giran a su alrededor. Es por todo ello por lo que, en muchos de los casos, el adicto termina perdiéndolo todo, familia, trabajo, amigos… Las víctimas colaterales de la enfermedad terminan agotando sus fuerzas entre consumos, desapariciones, mentiras y discusiones, por lo que llega el momento en el que todo ser humano se cansa, y elige, perderse él mismo o perderle a él. Es frecuente cuando un familiar viene a pedir ayuda desesperado por la situación que está viviendo, escucharles hacer una no tan incorrecta metáfora con el personaje de la novela Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Realmente cuando un adicto está en activo, y no necesariamente con ello me refiero a consumos de por medio (os dejo aquí nuestro post sobre las recaídas), es difícil saber quién es. Habitan en él distintos personajes que cuando convives con ellos, identificas muy bien. Sus ojos tornan de repente a un estado de ira irrefrenable, sus músculos se tensan, aprieta sus mandíbulas y entonces sabes que ya está ahí, y que nada bueno va a suceder en los próximos minutos. ¿Por qué? Te preguntas una y otra vez. Su carácter es cambiante y los estímulos necesarios para sacar lo peor de él, nimios. Se llama adicción, y desgraciadamente no engloba únicamente el consumo de una sustancia, y no cesa cuando se deja de consumir dicha sustancia. La adicción es una enfermedad crónica, progresiva, mortal y con tendencia a la recaída;  con efectos devastadores tanto a nivel físico como psicológico. Los efectos a largo plazo que una adicción puede provocar son mortales, entre ellos, como bien conocemos están, la sobredosis accidental o no, y ligada a ello el suicidio. Como hemos indicado al inicio, el cerebro adicto se encuentra secuestrado por la enfermedad, su capacidad de pensar de forma racional es totalmente nula y la necesidad de volcar su dolor palpable a su alrededor. Afortunadamente el final devastador del que hablábamos es evitable, y no solo eso, vivir una vida plena y feliz aun padeciendo una enfermedad como la adicción, es posible. Cuando te hayas inmerso en la destrucción de la enfermedad, tanto si eres enfermo como familiar, es complicado ver la salida, pero la salida existe y por eso estamos aquí. Desde Centro Elphis podemos ayudarte a recuperar una vida o a construirla, llevamos a cabo un programa terapéutico adaptado a tus necesidades. Nuestro equipo terapéutico y psicológico te proporcionará las herramientas necesarias para tu día a día, estaremos a tu lado en todo el proceso. ¿Pero sabéis que es lo más gratificante de todo? Cuando pasados unos meses en los que el adicto se pone en recuperación, descuelgas el teléfono para atender a su madre, esposa o hermana y solo quieren agradecerte el haberles devuelto a esa maravillosa persona a la que tanto querían y que hacía mucho tiempo, no veían…
ADICCIÓN COMPORTAMENTAL O SIN SUSTANCIA

ADICCIÓN COMPORTAMENTAL O SIN SUSTANCIA

Cada vez son más los casos de personas que llegan a consulta con problemas de adicción comportamental o también llamada, adicción sin sustancia. En un principio, se trata de conductas que todos consideraríamos inocuas, pero que, una vez desarrollada una adicción, interfieren gravemente en distintos ámbitos de la vida de la persona afectada.  Dichas conductas como pueden ser el juego, uso de nuevas tecnologías, el sexo, las compras… al igual que en el caso de la adicción a sustancias, pasan por distintas etapas. En un primer momento se comienza por el uso, para continuar con un abuso hasta concluir en la dependencia o adicción.

El consumo de drogas o alcohol repercute directamente en el funcionamiento de nuestro cerebro a través del neurotransmisor dopamina, incidiendo directamente en el sistema límbico que contiene el circuito de recompensas. El sentir placer, nos motiva a repetir nuestras conductas, actuando como reforzador. Al igual que en el consumo de sustancias, las conductas anteriormente descritas aumentan los niveles de dopamina convirtiéndose en sí mismas en reforzadores de nuestra propia conducta. Pero ¿qué sucede con el paso del tiempo? Pues al igual que en el proceso de una adicción a una determinada sustancia, la intensidad, la duración o la frecuencia de nuestras conductas deberá aumentar para conseguir los mismos efectos de placer o bienestar que en un inicio. La enfermedad irá avanzando para concluir en una dependencia o adicción. En este punto, ya no llevamos a cabo la conducta en cuestión por el hecho de sentir placer o bienestar sino más, bien por la necesidad de paliar el malestar que sentimos cuando no lo realizamos.

Y aquí es donde mucha gente se pregunta ¿Por qué? La explicación es sencilla, hemos “mal acostumbrado” a nuestro cerebro a funcionar con unos determinados niveles de dopamina muy superiores a los normales. Cuando estos descienden por debajo del nivel al que hemos acostumbrado a nuestro cerebro para funcionar con “normalidad”, nos demandará que aumenten y si no lo hacen, sentiremos malestar.

El adicto no es capaz de lidiar con este malestar que siente cuando no lleva a cabo la conducta adictiva, lo que le llevará a repetir sus acciones entrando así en un circulo vicioso imposible de detener si no es con ayuda profesional.

¿POR QUÉ UNA CONDUCTA INOCUA SE CONVIERTE EN ADICTIVA?

Muchos se preguntarán por qué determinadas conductas que cualquier persona llevaría a cabo de una forma “saludable”, en algunos sujetos terminan constituyendo una enfermedad.  Las causas son múltiples y diversas, entrando en juego factores genéticos, sociales, fisiológicos (como los descritos con anterioridad) y psicológicos. Entre estos últimos los advertidos con mayor frecuencia en pacientes adictos, son:

  • Baja tolerancia a la frustración
  • Baja autoestima
  • Impulsividad
  • Incapacidad de gestionar emociones desagradables
  • Baja tolerancia al dolor, físico o emocional
  • Búsqueda de sensaciones fuertes

 

La realidad es que ninguno de los factores anteriormente mencionados per se, conducen irremediablemente a una adicción. Hablamos por tanto de una enfermedad con componentes bio-psico-sociales que, nadie cuando por primera vez se expone a una determinada sustancia o lleva a cabo una determinada conducta, es conocedor de que la va a desarrollar.

¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES ADICCIONES CONDUCTUALES?

Adicción al trabajo.

El trabajo refuerza nuestro autoconcepto y nos genera una sensación de valía, pero a veces, cuando la implicación es total y llegamos a priorizar el mismo por encima de casi cualquier cosa, podemos encontrarnos ante un problema de adicción.

La diferencia entre una conducta normal o una adictiva en el ámbito laboral, se puede observar cuando una persona se sobre implica de manera tangible y no encuentra el momento de parar su actividad. Su actitud ante el trabajo le conduce a ver deteriorados distintos aspectos de su vida como son las relaciones sociales o personales, el ocio, o incluso su propia salud física y psicológica.

El adicto al trabajo siempre encontrará una excusa que justifique su implicación, tanto para él como para los demás. De esta forma evita ver su realidad, el exceso de implicación, le está destrozando literalmente, la vida.

La tónica dominante en sujetos con este tipo de adicción pasa al igual que en otras adicciones, por patrones de baja autoestima, necesidad de autorrealización y éxito, así como búsqueda de reconocimiento social.

Adicción al juego.

El adicto al juego o ludópata es aquel que pese a los efectos desfavorables que puede experimentar con su comportamiento (pérdidas económicas, familiares, laborales o sociales…) es incapaz de controlar su conducta.

Sobre los aspectos más detallados de la ludopatía compartimos en nuestro blog con anterioridad una entrada íntegra al respecto que podéis consultar aquí.

Adicción a las compras.

Para cualquier persona, el hecho de realizar compras no es más que un acto natural y necesario para la vida cotidiana. El problema surge cuando, un individuo entra en una espiral de compra compulsiva en la cual, adquiere con frecuencia objetos que ni siquiera necesita o gasta cantidades de dinero, que ni siquiera tiene.

La adicción a las compras comienza con una sensación de euforia en el transcurso de tiempo que media entre la ideación de esta hasta la consumación o adquisición del objeto, y que posteriormente trunca a una sensación de culpa y arrepentimiento.

Con frecuencia en las personas que han desarrollado una adicción a las compras, se hayan estados depresivos, necesidad de cubrir una vacío, baja autoestima y necesidad de reconocimiento social.

Adicción al sexo.

Una persona adicta al sexo experimenta una necesidad imperiosa de mantener relaciones sexuales. Por mucho que trate de controlar dicho impulso, no lo consigue, recurriendo con frecuencia a encuentros sexuales con extraños, infidelidades continuadas, consumo de servicios de prostitución y masturbación compulsiva.

Las personas que han desarrollado una adicción al sexo sienten culpabilidad por no ser capaces de controlar su conducta, así como vergüenza ya que en la mayoría de los casos sus actos entran en conflicto con sus propios valores o creencias. Estos aspectos son, los que con frecuencia les impiden solicitar ayuda por los posibles juicios, que ellos creen, se pudieran emitir.

Al igual que en otras adicciones, en los sujetos adictos al sexo se encuentran problemas con el control de impulsos, baja autoestima, posibles experiencias traumáticas e intolerancia de emociones negativas, entre otros.

Adicción a las nuevas tecnologías.

El uso de internet es hoy en día prácticamente universal, siendo a priori una buena herramienta que nos puede ayudar y facilitar en nuestro día a día. Han desarrollado una adicción, aquellas personas que hacen un uso desmesurado de dicha herramienta, pasando largos periodos del día conectados o “enganchados” a internet, redes sociales, smartphone, etc. Pero, sobre todo, la adicción se hace tangible cuando la conducta en cuestión los conduce a desatender otras parcelas de su vida como la laboral, la social, la personal o incluso la cobertura de sus propias necesidad básicas como puede ser alimentarse, o el aseo personal.

Con frecuencia cuando hablamos de personas con adicción a internet o nuevas tecnologías, nos encontramos con patrones de autoestima baja, poca habilidad en las relaciones sociales, sentimiento de soledad, depresión y timidez.

¿QUÉ HACER ANTE LOS PRIMEROS SIGNOS DE ADICCIÓN?

Todas las adicciones necesitan de ayuda profesional para llevar a cabo un tratamiento específico que lleve a la persona afectada por la enfermedad de la adicción a recuperar una vida normalizada y funcional. Cuanto antes se solicite ayuda, y la persona afectada se ponga en tratamiento, menores serán los efectos que sobre las distintas parcelas de su vida se vean afectados. Si cree que usted o un familiar pudiera estar inmerso en una adicción, llámenos, PODEMOS AYUDARLE.

TELÉFONO 24H : 692441835

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