Características de un adicto: sus rasgos psíquicos más habituales

Características de un adicto: sus rasgos psíquicos más habituales

Resulta fundamental conocer las características de un adicto cuando se quiere ayudar a uno. Identificar sus principales rasgos de personalidad es clave para saber cómo abordar la relación de una persona con sus adicciones. A continuación, analizamos cómo es y se va configurando la figura del adicto.

¿Cómo piensa un adicto a las drogas?

Si queremos saber cuáles son las características de un adicto, en concreto cómo piensa, hemos de comenzar teniendo claro en qué consiste tener una adicción. A grandes rasgos, se da cuando una persona manifiesta una situación de dependencia hacia alguna sustancia o algún hábito.

La pulsión de satisfacer las necesidades de esta situación de dependencia altera todos sus hábitos vitales. Podemos decir que el adicto vuelca toda su vida hacia la consecución de las acciones o los contextos que le dan placer o mitigan su malestar.

Estamos acostumbrados a interpretar las adicciones en relación con el consumo de sustancias psicoactivas. Son las comúnmente llamadas drogas legales o ilegales, el alcohol es la más popular de ellas.

Sin embargo y sobre todo en los últimos tiempos, se están dando con cada vez más frecuencia las adicciones a determinados hábitos que se van poniendo de moda. Por eso, también podemos considerar en esta categoría, entre otros, problemas como el juego o las compras.

Por eso, si deseamos saber qué pasa por la cabeza de un adicto, primero tenemos que conocer qué sustancia o hábito está generando su dependencia. El siguiente paso consiste en desentrañar por qué motivos se establece esta necesidad sobrevenida.

¿Cómo tratar a un adicto a las drogas?

Nos vamos a centrar en cómo tratar a un adicto a las drogas. Sin duda, el consumo de drogas está detrás de las dependencias más fuertes y habituales que se producen en nuestras sociedades. En este sentido, lo primero que podemos destacar es que, aunque cambien los contextos socioculturales de cada lugar y época, las características de los adictos se mantienen de una forma permanente. Son bastante comunes en cualquier espacio y tiempo.

Lo que sí puede cambiar bastante son las circunstancias personales de cada adicto. Nos referimos a por qué se droga cada uno de ellos. La explicación de este comportamiento tiene que ver con cuestiones personales y sociales. Por consiguiente, en cada afectado van a concurrir una o más causas que expliquen a qué se debe esta problemática.

Existe una serie de tesituras que se convierten en facilitadoras de esta clase de consumos. Por lo que respecta a las de tipo personal, hemos de remarcar la inestabilidad emocional. Hay personas que tienen una escasa tolerancia a la frustración y pueden optar por la vía de escape que les proporcionan las drogas para olvidarse de estos sentimientos tan dolorosos.

En algunos casos, estos perfiles pueden manifestar tendencias narcisistas o evasivas. Las drogas les pueden servir para canalizar unos sentimientos que les resultan difícilmente soportables, por sus contradicciones, en condiciones de sobriedad.

Asimismo, existen circunstancias del entorno que tienen una gran influencia en estos patrones de consumo. Es posible que se copien o se contesten los hábitos que se han visto en el seno de la familia. De igual manera que pueden reproducirse los comportamientos conocidos en el hogar, también, si uno se ha criado en un ambiente prohibicionista o puritano, puede surgir el consumo como una forma de rebeldía.

Por último, el entorno que se elige, el de los amigos, tiene una alta incidencia en las pautas de consumo. Si, por ejemplo, se está en un grupo de amistades en el que drogarse es una actividad común, el hábito se va a repetir de forma natural incluso en situaciones en las que no se habría ni valorado. La facilidad del acceso y la desinhibición son factores favorecedores del consumo.

¿Cómo ayudar a una persona adicta a las drogas?

Quienes se preguntan cómo ayudar a una persona adicta a las drogas tienen que hacer un esfuerzo por comprender qué sentimientos y pulsiones están pasando por la mente y las reacciones fisiológicas de un adicto. Hemos de tener en cuenta, como paso previo, que un adicto es un enfermo.

Un enfermo merece comprensión, aunque eso no significa que el cuidador del adicto o quien se ha preocupado por él conceda una permisividad absoluta a sus deseos. En consecuencia, la primera fase de un tratamiento tiene que pasar por ayudar al enfermo a entender que tiene un problema.

Lo normal, en estos supuestos, es que el adicto no reconozca dicho problema y entre en un bucle de victimismo. Por lo general, va a culpar a todos, haciendo uso del mecanismo psicológico de la proyección, de todas sus carencias o excesos. Su finalidad es la de no abordar lo que le pasa, puesto que le da un comprensible miedo. Miedo, por ejemplo, a no poder justificar un cúmulo de acciones poco decorosas.

En la línea de esta estrategia, va a tratar de manipular a todos los que estén a su alrededor. Por una parte, para no abandonar, en plena huida hacia adelante, el discurso de la negación y del autoengaño. Por otra parte, para poder seguir consumiendo drogas, cada vez de forma más abundante y compulsiva. El delirio al que le puede llevar mantener a largo plazo este modo de vida puede hacer que incluso comience a mentirse a sí mismo.

¿Qué hacer si un adicto a las drogas no quiere internarse?

La internación en un centro de desintoxicación supone una solución drástica en el marco del abordaje de los problemas de la drogadicción. No hace falta llegar a situaciones extremas para proponerla, pero ¿qué hacer si un adicto no quiere internarse? Lo primero es tener en cuenta las características de un adicto a las drogas y mantener la calma, por si se dan reacciones violentas. Posteriormente, va a venir bien buscar ayuda profesional para saber cómo encarar una intervención convincente acerca de los beneficios de esta alternativa.

Las características de un adicto se repiten en el común de estos enfermos. Sin embargo, pueden cambiar, según los perfiles, el proceso de desarrollar la dependencia y la manera de manifestarla. Por tanto, vale la pena conocer los elementos facilitadores de la adicción y las tendencias de comportamiento para atajar un hábito destructivo. Para obtener más información y ayuda, recomendamos enviar las dudas a nuestro centro de tratamiento.

Efectos de la cocaína en adolescentes y adultos

Efectos de la cocaína en adolescentes y adultos

Los efectos de la cocaína no solo son visibles a nivel mental y físico, sino que también afectan en gran medida al ámbito social, laboral, familiar y, por supuesto, al económico.

Los consumidores de cocaína desarrollan una adicción que termina controlando toda su vida. Se ven dominados por una serie de hábitos y conductas que desencadenan una crisis personal que destruye todos los pilares fundamentales de su vida.

Efectos de la cocaína en el cerebro

Su consumo afecta directa y agresivamente a este órgano ya que, al ser de fácil absorción, llega directamente a él y sus efectos se presentan al poco tiempo de consumirla.

Es conocida y característica por la inmediata sensación de euforia y placer que proporciona al ser administrada. Según cómo se consuma, puede producir unos efectos u otros:

  • Vía nasal, una de las formas más extendidas entre adolescentes. Puede ocasionar hemorragias nasales, problemas para tragar los alimentos, ronquera al hablar, alteración o pérdida del olfato, goteo constante, e incluso destrucción del tabique nasal que puede necesitar cirugía.

Además, la cocaína puede estar mezclada con sustancias tóxicas que también entrarán al organismo como almax, analgésicos, tiza, speed, talco e incluso detergente en polvo.

  • Oral: la cocaína causa vasoconstricción. Al reducir el flujo sanguíneo puede generar una grave gangrena en el intestino que derive en la muerte del músculo liso del mismo.
  • Intravenosa. Esta manera de administrar la sustancia aumenta el riesgo de contagio del VIH y de la hepatitis C. El efecto de desinhibición conlleva que se descuiden las medidas de protección en las relaciones sexuales y, por ello, aumente la probabilidad de contraer infecciones de transmisión sexual. Además, pueden darse reacciones alérgicas graves provocadas por las sustancias tóxicas añadidas a la cocaína pura. 
  • Pulmonar (cocaína fumada). Además de tos, cuadros de asma graves y dificultad para respirar, la cocaína aumenta el riesgo de sufrir enfermedades respiratorias como taquipnea, hemorragia pulmonar, neumotórax, neumonía y perforación del tabique nasal.

Cuando el consumo de cocaína empieza a ser recurrente y/o habitual, los efectos “positivos” cada vez son más difíciles de conseguir porque el cerebro va adaptándose a la sustancia. Poco a poco, se van necesitando dosis más altas de droga, aumentando con ello el riesgo de sufrir graves consecuencias.

La cocaína a corto plazo…

Los efectos inmediatos más buscados por quienes la consumen son:

  • Mejora del estado de ánimo, exaltación del bienestar
  • Ausencia de cansancio y fatiga
  • Potencia la seguridad en uno mismo
  • Elimina la sensación de sueño y hambre

Pero inmediatamente después se produce el efecto rebote, ocasionando inquietud, cansancio, angustia, apatía, impulsividad, agresividad y aumento del ritmo cardíaco y temperatura corporal.

Además, provoca un gran aumento de la presión arterial que puede desencadenar un ictus, infarto de miocardio y, en las peores ocasiones, una muerte súbita cardiaca. Grandes dosis pueden llegar a generar temblores, convulsiones e incluso alucinaciones. 

Efectos de la cocaína a largo plazo

El consumo mantenido a lo largo del tiempo puede hacer que el organismo sea más sensible a sufrir convulsiones y ansiedad. El usuario presenta irritabilidad, nerviosismo, inquietud e incluso paranoia. Esta última consecuencia puede derivar en episodios de psicosis paranoide, con alucinaciones auditivas y visuales que aparten a la persona de la realidad.

Además de los efectos psicológicos y fisiológicos, la cocaína termina sumiendo a la persona en problemas encadenados: pagos que no puede asumir, deudas acumuladas por préstamos que ha solicitado, discusiones familiares… Y un estado de ánimo tan inestable propicia problemas laborales por falta de concentración, ausencias o errores graves; aislamiento social; discusiones con las personas más queridas… 

Si alguno de estos es tu caso y te has visto identificado con los efectos de la cocaína que hemos descrito, tranquilo, estás en el lugar correcto. Podemos ayudarte a recuperar el control de tu vida y a dejar de ser esclavo de una sustancia. Ponte en contacto con nosotros y te acompañaremos en el proceso a través de un programa personalizado, con un plan de acción adaptado a ti, a lo que necesitas, lo que quieres ¡y lo que mereces! 

¿CUÁNDO TE FUISTE? VIVIR CON UN ADICTO

¿CUÁNDO TE FUISTE? VIVIR CON UN ADICTO

Es frecuente escuchar a los familiares de mis pacientes referirse a ellos hablando en pasado ¿por qué? ¿es que acaso ya no están? Pues desgraciadamente en la mayoría de las ocasiones no, o al menos, no ese ser querido con el que se podía hablar y contar, de todo y para todo. Desgraciadamente, un adicto tiene sus actos y pensamientos secuestrados por la enfermedad de la adicción. No es él, no está. Quizá muchos piensen que es una exageración, pero creedme, no lo es. El adicto vive una “rrealidad paralela” en la que sus pensamientos han de justificar sus acciones para evitar su propio sufrimiento. El adicto está convencido de que su manera de actuar y relacionarse con los demás es correcta. Ha aprendido a protegerse desde la falsa creencia de que la mejor de sus defensas siempre es un buen ataque. Para ellos, asumir que lo que sucede a su alrededor no es más que el resultado tangible de su adicción duele, y ya sabemos que el adicto no maneja muy bien el entramado de emociones negativas que giran a su alrededor. Es por todo ello por lo que, en muchos de los casos, el adicto termina perdiéndolo todo, familia, trabajo, amigos… Las víctimas colaterales de la enfermedad terminan agotando sus fuerzas entre consumos, desapariciones, mentiras y discusiones, por lo que llega el momento en el que todo ser humano se cansa, y elige, perderse él mismo o perderle a él. Es frecuente cuando un familiar viene a pedir ayuda desesperado por la situación que está viviendo, escucharles hacer una no tan incorrecta metáfora con el personaje de la novela Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Realmente cuando un adicto está en activo, y no necesariamente con ello me refiero a consumos de por medio (os dejo aquí nuestro post sobre las recaídas), es difícil saber quién es. Habitan en él distintos personajes que cuando convives con ellos, identificas muy bien. Sus ojos tornan de repente a un estado de ira irrefrenable, sus músculos se tensan, aprieta sus mandíbulas y entonces sabes que ya está ahí, y que nada bueno va a suceder en los próximos minutos. ¿Por qué? Te preguntas una y otra vez. Su carácter es cambiante y los estímulos necesarios para sacar lo peor de él, nimios. Se llama adicción, y desgraciadamente no engloba únicamente el consumo de una sustancia, y no cesa cuando se deja de consumir dicha sustancia. La adicción es una enfermedad crónica, progresiva, mortal y con tendencia a la recaída;  con efectos devastadores tanto a nivel físico como psicológico. Los efectos a largo plazo que una adicción puede provocar son mortales, entre ellos, como bien conocemos están, la sobredosis accidental o no, y ligada a ello el suicidio. Como hemos indicado al inicio, el cerebro adicto se encuentra secuestrado por la enfermedad, su capacidad de pensar de forma racional es totalmente nula y la necesidad de volcar su dolor palpable a su alrededor. Afortunadamente el final devastador del que hablábamos es evitable, y no solo eso, vivir una vida plena y feliz aun padeciendo una enfermedad como la adicción, es posible. Cuando te hayas inmerso en la destrucción de la enfermedad, tanto si eres enfermo como familiar, es complicado ver la salida, pero la salida existe y por eso estamos aquí. Desde Centro Elphis podemos ayudarte a recuperar una vida o a construirla, llevamos a cabo un programa terapéutico adaptado a tus necesidades. Nuestro equipo terapéutico y psicológico te proporcionará las herramientas necesarias para tu día a día, estaremos a tu lado en todo el proceso. ¿Pero sabéis que es lo más gratificante de todo? Cuando pasados unos meses en los que el adicto se pone en recuperación, descuelgas el teléfono para atender a su madre, esposa o hermana y solo quieren agradecerte el haberles devuelto a esa maravillosa persona a la que tanto querían y que hacía mucho tiempo, no veían…
PROHIBIR EL BOTELLÓN ¿ES LA SOLUCIÓN?

PROHIBIR EL BOTELLÓN ¿ES LA SOLUCIÓN?

 

Nos encontramos ante un aumento del consumo de alcohol en jóvenes así como ante una disminución de la edad de inicio en el mismo. El Parlamento estudia la posibilidad de que la futura ley que regulará el consumo de alcohol en menores prohiba la celebración de botellones. ¿Es una medida efectiva prohibir el botellón? ¿Cómo se produce el inicio en el consumo de alcohol y drogas en jóvenes? ¿Cómo y cuándo se debe realizar la prevención en el inicio del consumo de drogas?

Todos estos temas se trataron el pasado 11 de abril en el programa “La Tarde” de la Cadena Cope en la que intervinieron D. Ignacio Calderón, Vicepresidente de la FAD y nuestro director terapéutico Enrique Sanz.

 

LA RECAÍDA

LA RECAÍDA

Como bien sabemos cuando hablamos de adicción, hablamos de enfermedad crónica, progresiva, mortal y con tendencia a la recaída. ¿Esto quiere decir que no existe cura? Desgraciadamente así es, una persona adicta es y será adicta de por vida. ¿Ello quiere decir que siempre tendrá recaídas? No, esto quiere decir que las recaídas deben estar presentes y deben conocerse los síntomas de alarma previos a una recaída.

Cuando hablamos de recaída, hablamos de consumo de algún tipo de sustancia, pero la recaída realmente es mucho más que eso. En un primer término, una recaída de la enfermedad de la adicción comienza con unos patrones conductuales perceptibles y advertibles. Es decir, en primer lugar existe una recaída conductual.

¿Cuáles son las señales de alerta ante una recaída conductual?

1.- Fantasear con el consumo de sustancias.

2.- Mostrarse más irascible de lo habitual.

3.- Huir de cualquier tema de conversación que tenga que ver con su recuperación.

4.- Confrontación con personas de su entorno.

5.- Las mentiras.

6.- La manipulación.

7.- Excesiva preocupación por el dinero.

8.- Estados de euforia o disforia.

9.- Descuidar el “timming” establecido.

¿Se puede parar una recaída?

La respuesta es contundentemente, sí. Advertidas las señales de alarma de una recaída conductual, se puede intervenir y hacer ver al adicto que está volviendo a repetir aquellas pautas de comportamiento que en otras ocasiones le han llevado al consumo. De esta forma, comenzar con un tratamiento de refuerzo para analizar en qué punto se comenzó a descuidar los factores claves de la recuperación y revertir la situación actual volviendo a la línea de tratamiento establecida.

¿Debe intervenir la familia?

El adicto es incapaz de darse cuenta por sí mismo de que las conductas que está adoptando lo llevarán de nuevo al hoyo del que tanto tiempo le costó salir. En ocasiones, personas cercanas al adicto pueden hablar con él e intentar hacerle ver que su actitud ha cambiado, que ha descuidado ciertos aspectos de su recuperación y que sería conveniente realizar un tratamiento de refuerzo en pro de prevenir un nuevo consumo.

En muchas otras ocasiones, existiendo un vínculo emocional entre el adicto y su familia, este no aceptará la visión de su entorno. Su enfermedad le llevará a pensar que son el resto de las personas las que están equivocadas. Pensará que él no ha descuidado su recuperación y que se comporta con normalidad o si bien no lo hace, nada tiene que ver con su enfermedad, simplemente lo hace como respuesta al trato que recibe por los demás. En este punto el adicto intentará utilizar esa arma maestra que tan bien domina, la manipulación. Intentará hacer ver a su madre, padre, esposa, hermano o cualquier familiar que se ponga delante que el problema realmente lo tienen ellos. Es en este punto donde la familia debe aunar fuerzas y no sucumbir a su manipulación o minimizar lo que está sucediendo pues este punto es clave para que no se produzca la recaída.

En cualquiera de los casos, siempre será el círculo más próximo al adicto el primero en advertir ciertos cambios en su conducta. Es por ello que será la familia la primera en poder hacer algo. ¿Qué puede hacer la familia? Existen dos opciones: intentar hablar con el adicto para que inicie un tratamiento de refuerzo o bien, solicitar ayuda profesional para intervenir antes de que tenga lugar un nuevo consumo.

 

En Centro Elphis PODEMOS AYUDARTE, contamos con programas de tratamiento específicos para prevención de recaídas.

 

PODEMOS AYUDARTE

En Centrol Elphis contamos con un teléfono de asistencia 24h, puedes ponerte en contacto con nosotros o bien dejarnos tus datos y te llamaremos.

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