ADICCIÓN COMPORTAMENTAL O SIN SUSTANCIA

ADICCIÓN COMPORTAMENTAL O SIN SUSTANCIA

Cada vez son más los casos de personas que llegan a consulta con problemas de adicción comportamental o también llamada, adicción sin sustancia. En un principio, se trata de conductas que todos consideraríamos inocuas, pero que, una vez desarrollada una adicción, interfieren gravemente en distintos ámbitos de la vida de la persona afectada.  Dichas conductas como pueden ser el juego, uso de nuevas tecnologías, el sexo, las compras… al igual que en el caso de la adicción a sustancias, pasan por distintas etapas. En un primer momento se comienza por el uso, para continuar con un abuso hasta concluir en la dependencia o adicción.

El consumo de drogas o alcohol repercute directamente en el funcionamiento de nuestro cerebro a través del neurotransmisor dopamina, incidiendo directamente en el sistema límbico que contiene el circuito de recompensas. El sentir placer, nos motiva a repetir nuestras conductas, actuando como reforzador. Al igual que en el consumo de sustancias, las conductas anteriormente descritas aumentan los niveles de dopamina convirtiéndose en sí mismas en reforzadores de nuestra propia conducta. Pero ¿qué sucede con el paso del tiempo? Pues al igual que en el proceso de una adicción a una determinada sustancia, la intensidad, la duración o la frecuencia de nuestras conductas deberá aumentar para conseguir los mismos efectos de placer o bienestar que en un inicio. La enfermedad irá avanzando para concluir en una dependencia o adicción. En este punto, ya no llevamos a cabo la conducta en cuestión por el hecho de sentir placer o bienestar sino más, bien por la necesidad de paliar el malestar que sentimos cuando no lo realizamos.

Y aquí es donde mucha gente se pregunta ¿Por qué? La explicación es sencilla, hemos “mal acostumbrado” a nuestro cerebro a funcionar con unos determinados niveles de dopamina muy superiores a los normales. Cuando estos descienden por debajo del nivel al que hemos acostumbrado a nuestro cerebro para funcionar con “normalidad”, nos demandará que aumenten y si no lo hacen, sentiremos malestar.

El adicto no es capaz de lidiar con este malestar que siente cuando no lleva a cabo la conducta adictiva, lo que le llevará a repetir sus acciones entrando así en un circulo vicioso imposible de detener si no es con ayuda profesional.

¿POR QUÉ UNA CONDUCTA INOCUA SE CONVIERTE EN ADICTIVA?

Muchos se preguntarán por qué determinadas conductas que cualquier persona llevaría a cabo de una forma “saludable”, en algunos sujetos terminan constituyendo una enfermedad.  Las causas son múltiples y diversas, entrando en juego factores genéticos, sociales, fisiológicos (como los descritos con anterioridad) y psicológicos. Entre estos últimos los advertidos con mayor frecuencia en pacientes adictos, son:

  • Baja tolerancia a la frustración
  • Baja autoestima
  • Impulsividad
  • Incapacidad de gestionar emociones desagradables
  • Baja tolerancia al dolor, físico o emocional
  • Búsqueda de sensaciones fuertes

 

La realidad es que ninguno de los factores anteriormente mencionados per se, conducen irremediablemente a una adicción. Hablamos por tanto de una enfermedad con componentes bio-psico-sociales que, nadie cuando por primera vez se expone a una determinada sustancia o lleva a cabo una determinada conducta, es conocedor de que la va a desarrollar.

¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES ADICCIONES CONDUCTUALES?

Adicción al trabajo.

El trabajo refuerza nuestro autoconcepto y nos genera una sensación de valía, pero a veces, cuando la implicación es total y llegamos a priorizar el mismo por encima de casi cualquier cosa, podemos encontrarnos ante un problema de adicción.

La diferencia entre una conducta normal o una adictiva en el ámbito laboral, se puede observar cuando una persona se sobre implica de manera tangible y no encuentra el momento de parar su actividad. Su actitud ante el trabajo le conduce a ver deteriorados distintos aspectos de su vida como son las relaciones sociales o personales, el ocio, o incluso su propia salud física y psicológica.

El adicto al trabajo siempre encontrará una excusa que justifique su implicación, tanto para él como para los demás. De esta forma evita ver su realidad, el exceso de implicación, le está destrozando literalmente, la vida.

La tónica dominante en sujetos con este tipo de adicción pasa al igual que en otras adicciones, por patrones de baja autoestima, necesidad de autorrealización y éxito, así como búsqueda de reconocimiento social.

Adicción al juego.

El adicto al juego o ludópata es aquel que pese a los efectos desfavorables que puede experimentar con su comportamiento (pérdidas económicas, familiares, laborales o sociales…) es incapaz de controlar su conducta.

Sobre los aspectos más detallados de la ludopatía compartimos en nuestro blog con anterioridad una entrada íntegra al respecto que podéis consultar aquí.

Adicción a las compras.

Para cualquier persona, el hecho de realizar compras no es más que un acto natural y necesario para la vida cotidiana. El problema surge cuando, un individuo entra en una espiral de compra compulsiva en la cual, adquiere con frecuencia objetos que ni siquiera necesita o gasta cantidades de dinero, que ni siquiera tiene.

La adicción a las compras comienza con una sensación de euforia en el transcurso de tiempo que media entre la ideación de esta hasta la consumación o adquisición del objeto, y que posteriormente trunca a una sensación de culpa y arrepentimiento.

Con frecuencia en las personas que han desarrollado una adicción a las compras, se hayan estados depresivos, necesidad de cubrir una vacío, baja autoestima y necesidad de reconocimiento social.

Adicción al sexo.

Una persona adicta al sexo experimenta una necesidad imperiosa de mantener relaciones sexuales. Por mucho que trate de controlar dicho impulso, no lo consigue, recurriendo con frecuencia a encuentros sexuales con extraños, infidelidades continuadas, consumo de servicios de prostitución y masturbación compulsiva.

Las personas que han desarrollado una adicción al sexo sienten culpabilidad por no ser capaces de controlar su conducta, así como vergüenza ya que en la mayoría de los casos sus actos entran en conflicto con sus propios valores o creencias. Estos aspectos son, los que con frecuencia les impiden solicitar ayuda por los posibles juicios, que ellos creen, se pudieran emitir.

Al igual que en otras adicciones, en los sujetos adictos al sexo se encuentran problemas con el control de impulsos, baja autoestima, posibles experiencias traumáticas e intolerancia de emociones negativas, entre otros.

Adicción a las nuevas tecnologías.

El uso de internet es hoy en día prácticamente universal, siendo a priori una buena herramienta que nos puede ayudar y facilitar en nuestro día a día. Han desarrollado una adicción, aquellas personas que hacen un uso desmesurado de dicha herramienta, pasando largos periodos del día conectados o “enganchados” a internet, redes sociales, smartphone, etc. Pero, sobre todo, la adicción se hace tangible cuando la conducta en cuestión los conduce a desatender otras parcelas de su vida como la laboral, la social, la personal o incluso la cobertura de sus propias necesidad básicas como puede ser alimentarse, o el aseo personal.

Con frecuencia cuando hablamos de personas con adicción a internet o nuevas tecnologías, nos encontramos con patrones de autoestima baja, poca habilidad en las relaciones sociales, sentimiento de soledad, depresión y timidez.

¿QUÉ HACER ANTE LOS PRIMEROS SIGNOS DE ADICCIÓN?

Todas las adicciones necesitan de ayuda profesional para llevar a cabo un tratamiento específico que lleve a la persona afectada por la enfermedad de la adicción a recuperar una vida normalizada y funcional. Cuanto antes se solicite ayuda, y la persona afectada se ponga en tratamiento, menores serán los efectos que sobre las distintas parcelas de su vida se vean afectados. Si cree que usted o un familiar pudiera estar inmerso en una adicción, llámenos, PODEMOS AYUDARLE.

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LUDOPATÍA ¿CÓMO FUNCIONA SU CEREBRO?

LUDOPATÍA ¿CÓMO FUNCIONA SU CEREBRO?

La ludopatía es una adicción y como tal abarca tanto un aspecto conductual, como fisiológico y cognitivo. Hoy nos centraremos en este último, el aspecto cognitivo del ludópata. Para los jugadores patológicos resulta bastante frustrante el hecho de que cuando no están jugando son capaces de realizar una crítica racional sobre su problema y la necesidad de dejar de seguir llevando a cabo estas prácticas, pero cuando los estímulos a los que son incapaces de renunciar les acercan al plano del juego, su pensamiento se vuelve irracional y entran en el autoconvencimiento. Este autoconvencimiento no es más que la idea errónea de que por una vez más que jueguen, no pasará nada. En este momento su cerebro deja de funcionar de manera racional y entra en una distorsión de la realidad que les llevará a pensar que pueden volver a jugar de forma controlada.

No podemos olvidar que la ludopatía o juego patológico es una enfermedad tal y como declara la Organización Mundial de la Salud en su clasificación internacional de enfermedades en el año 1992. El ludópata no juega porque quiere, lo hace de forma compulsiva porque no puede dejar de hacerlo. La ludopatía es una adicción más, esta vez sin sustancias químicas, pero que desgraciadamente en muchas ocasiones va ligada a ello resultando una poliadicción.

Existen varias distorsiones a nivel cognitivo en el juego patológico y una de ellas es la llamada “falacia del jugador” o “Falacia de Montecarlo” y ahora explicaremos cuál es su origen y así podrán entender un poco mejor el por qué de este nombre.

La falacia del jugador tiene su origen en 1913 en el Casino de Montecarlo. Una noche de verano en la ruleta del casino salió negro en 15 ocasiones seguidas, los allí presentes empezaron a apostar por el rojo bajo la falsa creencia de que tras tantas tiradas con resultado negro, el rojo estaba próximo. Pero la realidad es que aquella noche en el casino, el negro salió en 26 ocasiones seguidas lo que hizo que la caja del casino se engrosara de forma cuantitativa y las caras de estupefacción de los allí presentes ya podéis imaginarlas….

Bueno, pues después de este apunte creo que podrían hacerse una ligera idea de cómo funciona la cabeza de un ludópata. Imaginad por un momento que acudís a un casino y tras varias apuestas en las que habéis perdido cada una de ellas llega un momento en el que vuestro cerebro se activa y emite un juicio racional y objetivo: “He perdido muchas apuestas, no voy a seguir perdiendo dinero, hoy no es mi día”. Sin embargo, el ludópata no razona de tal forma, para él el hecho de haber perdido tantas veces no quiere más que decir que la suerte está próxima y que por tanto tiene que seguir jugando.

El ludópata confunde el azar con la suerte, en el juego no actúa la suerte sino el azar. Si tiramos una moneda al aire, la probabilidad de que salga cara es de un 50%, si tras tres tiradas el resultado ha sido cara, el jugador patológico piensa de forma errada que la probabilidad de que ahora salga cruz es mayor. Este pensamiento es una falacia en sí mismo, los sucesos son consecutivos pero independientes, en cada una de las tiradas que realicemos la probabilidad de que salga tanto cara o cruz son ambas, de un 50%.

En la ludopatía existen varias distorsiones cognitivas a parte de la llamada “falacia del jugador” como es el caso del “casi acierto”. Para los ludópatas, ante una máquina tragaperras en la que aparecen dos fresas seguidas y en la tercera posición aparece la figura anterior a la fresa, esto significa un casi acierto, cuando en realidad un casi acierto no es distinto a un fallo completo.

Todas estas cogniciones erradas no son más que sobreestimaciones que el ludópata hace sobre su probabilidad de ganar en base a lo que observa.

En todos estos juicios errados, según las últimas investigaciones parece intervenir una determinada zona cerebral, la ínsula. Al parecer en el caso de los ludópatas, dicha área cerebral se encuentra hiperactiva. Este hecho, abre una nueva vía para el tratamiento de la ludopatía en el que determinadas actividades de concentración como la meditación, podrían reducir dicha actividad.

Así mismo, no podemos olvidar que en el tratamiento de la ludopatía es fundamental la terapia, siendo la terapia de grupo una buena estrategia para el tratamiento de la misma. En un grupo de terapia donde el ludópata se siente comprendido y protegido, es capaz de desplegar todas las emociones y cogniciones que por él pasan. De este modo, el poder del grupo le hará ver que muchos de sus pensamientos no son realistas y se encuentran errados por la enfermedad, desmontando poco a poco un modus operandi cognitivo que le alejará cada vez más de su «droga», el juego.

Desde Centro Elphis llevamos a cabo un específico programa de tratamiento para la ludopatía. Llámanos y cuéntanos tu caso, elaboraremos un plan de acción adaptado a tus necesidades y con ello conseguirás retomar una vida plena en la que tus decisiones no estén condicionadas más que por tú bienestar.

PODEMOS AYUDARTE

En Centrol Elphis contamos con un teléfono de asistencia 24h, puedes ponerte en contacto con nosotros o bien dejarnos tus datos y te llamaremos.

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¿TE LLAMAMOS?

LA RECAÍDA

LA RECAÍDA

Como bien sabemos cuando hablamos de adicción, hablamos de enfermedad crónica, progresiva, mortal y con tendencia a la recaída. ¿Esto quiere decir que no existe cura? Desgraciadamente así es, una persona adicta es y será adicta de por vida. ¿Ello quiere decir que siempre tendrá recaídas? No, esto quiere decir que las recaídas deben estar presentes y deben conocerse los síntomas de alarma previos a una recaída.

Cuando hablamos de recaída, hablamos de consumo de algún tipo de sustancia, pero la recaída realmente es mucho más que eso. En un primer término, una recaída de la enfermedad de la adicción comienza con unos patrones conductuales perceptibles y advertibles. Es decir, en primer lugar existe una recaída conductual.

¿Cuáles son las señales de alerta ante una recaída conductual?

1.- Fantasear con el consumo de sustancias.

2.- Mostrarse más irascible de lo habitual.

3.- Huir de cualquier tema de conversación que tenga que ver con su recuperación.

4.- Confrontación con personas de su entorno.

5.- Las mentiras.

6.- La manipulación.

7.- Excesiva preocupación por el dinero.

8.- Estados de euforia o disforia.

9.- Descuidar el «timming» establecido.

¿Se puede parar una recaída?

La respuesta es contundentemente, sí. Advertidas las señales de alarma de una recaída conductual, se puede intervenir y hacer ver al adicto que está volviendo a repetir aquellas pautas de comportamiento que en otras ocasiones le han llevado al consumo. De esta forma, comenzar con un tratamiento de refuerzo para analizar en qué punto se comenzó a descuidar los factores claves de la recuperación y revertir la situación actual volviendo a la línea de tratamiento establecida.

¿Debe intervenir la familia?

El adicto es incapaz de darse cuenta por sí mismo de que las conductas que está adoptando lo llevarán de nuevo al hoyo del que tanto tiempo le costó salir. En ocasiones, personas cercanas al adicto pueden hablar con él e intentar hacerle ver que su actitud ha cambiado, que ha descuidado ciertos aspectos de su recuperación y que sería conveniente realizar un tratamiento de refuerzo en pro de prevenir un nuevo consumo.

En muchas otras ocasiones, existiendo un vínculo emocional entre el adicto y su familia, este no aceptará la visión de su entorno. Su enfermedad le llevará a pensar que son el resto de las personas las que están equivocadas. Pensará que él no ha descuidado su recuperación y que se comporta con normalidad o si bien no lo hace, nada tiene que ver con su enfermedad, simplemente lo hace como respuesta al trato que recibe por los demás. En este punto el adicto intentará utilizar esa arma maestra que tan bien domina, la manipulación. Intentará hacer ver a su madre, padre, esposa, hermano o cualquier familiar que se ponga delante que el problema realmente lo tienen ellos. Es en este punto donde la familia debe aunar fuerzas y no sucumbir a su manipulación o minimizar lo que está sucediendo pues este punto es clave para que no se produzca la recaída.

En cualquiera de los casos, siempre será el círculo más próximo al adicto el primero en advertir ciertos cambios en su conducta. Es por ello que será la familia la primera en poder hacer algo. ¿Qué puede hacer la familia? Existen dos opciones: intentar hablar con el adicto para que inicie un tratamiento de refuerzo o bien, solicitar ayuda profesional para intervenir antes de que tenga lugar un nuevo consumo.

 

En Centro Elphis PODEMOS AYUDARTE, contamos con programas de tratamiento específicos para prevención de recaídas.

 

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¿DEBES DEJAR DE BEBER ALCOHOL?

¿DEBES DEJAR DE BEBER ALCOHOL?

5 señales de que debes dejar de beber alcohol

A pesar de que son muchos los medios de comunicación que alaban los beneficios del consumo moderado de alcohol, lo cierto es que el alcohol es la droga que más daños personales, sociales y sanitarios causa en nuestro país. Cada día, más estudios científicos demuestran los beneficios de dejar de beber alcohol  y los riesgos que supone seguir haciéndolo.
Además de los daños sobre el organismo, el gasto económico que supone y el riesgo de accidentes de todo tipo, el consumo de alcohol puede hacer que la persona desarrolle adicción por esta droga, es decir, se convierta en alcohólica. El alcoholismo es una grave enfermedad que causa un gran sufrimiento a quien lo padece, pero también a toda su familia. Por ello, es imprescindible detectar a tiempo que existe un problema con el alcohol y buscar ayuda para dejar de beber.

¿Tengo un problema con el alcohol?

Primeramente no todas las personas que beben a diario tienen un problema con el alcohol, ni todas las personas adictas a esta sustancia toman diariamente. Por lo tanto, lo que determina la existencia de una adicción al alcohol no es la cantidad de bebida que se toma ni el número de días a la semana que se bebe. Hay otros signos de alarma que nos indican que puede existir un problema con el alcohol:
1. Beber a pesar de las consecuencias
Las personas con adicción al alcohol no pueden dejar de beber por más que suponga un riesgo para su vida o la de otros. Así, muchas personas con alcoholismo beben a pesar de que tienen que conducir o cuando el médico les dice que deben dejar de beber por su salud.
2. Dejar de lado obligaciones
Problemas en el trabajo, retrasos no justificados, no hacerse cargo las tareas del hogar, olvidarse de recoger a los niños… la persona con adicción al alcohol deja de lado todo aquello que no esté relacionado con la bebida. Así que, si la bebida está haciendo que descuides tus actividades cotidianas, plantéate que existe un problema.
3. Mal humor y cambios emocionales
Los cambios emocionales y de comportamiento como la irritabilidad, el aislamiento, las lagunas mentales, la baja motivación o la pérdida de interés por las actividades cotidianas son síntomas comunes en las personas adictas al alcohol.
Además, pueden aparecer enfados e ira cuando se le pregunta por el consumo de alcohol o cuando se les prohíbe el acceso a la bebida.
4. Mentiras
Las mentiras son comunes en las personas con adicción al alcohol. Mienten para tapar su consumo o para ocultar las consecuencias de este.
5. Tolerancia
La tolerancia al alcohol es una señal de alarma que nos indica que puede existir un problema con el alcohol. Esto significa que cada vez necesito más alcohol para alcanzar el bienestar. Por ejemplo, si antes un paquete de cervezas duraba una semana y ahora no dura más de tres o cuatro días, debemos pensar que estamos desarrollando tolerancia al alcohol.

Dejar de beber alcohol

Si te has visto reconocido en estas señales es posible que tengas un problema con el alcohol. El alcoholismo es una enfermedad y como tal necesita un tratamiento especializado.

Dejar de beber alcohol sin ayuda es muy difícil. En Centro Elphis contamos con un equipo de expertos que pueden orientar a la persona adicta y a su familia en el duro camino que supone aprender a dejar el alcohol.

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Tratamiento para adicciones ¿Lo importante es el grupo?

Tratamiento para adicciones ¿Lo importante es el grupo?

Al iniciar el tratamiento para adicciones, nos encontramos de repente inmenrsos en una micro sociedad llamada “grupo de terapia”. Nuestras propias resistencias y pudores nos hacen guardar las distancias con semejantes individuos. ¿Por qué? Porque nosotros no somos como ellos, o al menos eso pensamos en un principio…

Poco a poco los días van pasando y sin mucho convencimiento seguimos con nuestro tratamiento acudiendo a nuestra terapia de grupo. De repente, sin saber ni el cómo ni el por qué, comenzamos a sentirnos cómodos. Y no solo eso, nos sentimos seguros, comprendidos y lo más importante, NO JUZGADOS.

No hace mucho tiempo, uno de esos pacientes que primeramente no hacía más que cuestionar si la terapia de grupo era lo idóneo para él, me dijo: “Vaya, al final va a resultar que la terapia de grupo tiene su aquel”. Entonces, ¿ese grupo de “individuos” que nada tenía que ver conmigo puede ayudarme? Así es, un grupo de terapia no es solo un grupo de personas, es mucho más, es esperanza, es ilusión, y sobre todo es el termómetro de mi evolución. Nosotros plantemos un tratamiento para adicciones basado sobre todo en la terapia grupal. Además, complementado por sesiones individualizadas con nuestro terapeuta y la psicóloga del centro.

Pero volviendo a la importancia del grupo, mucha gente se pregunta:

¿Por qué y para qué la terapia de grupo en el tratamiento para adicciones?

En primer lugar resulta importante conocer cómo somos los adictos, o más bien, cómo nos comportamos. Tendemos a una conducta manipuladora, egocéntrica, y llena de mentiras. Vamos, una amalgama de triquiñuelas difíciles de manejar, a no ser, eso sí, por un igual. Y en este punto especialmente relevante, es donde reside parte de la magia de la terapia de grupo para el tratamiento de adicciones.

En la sala de terapia nos encontramos con iguales, evolucionados algunos, en el mismo nivel otros. Todos, dirigidos y moderados por otro igual, nuestro terapeuta, que ya desde la distancia en el proceso de recuperación recuerda perfectamente nuestras maneras de proceder.  El efecto espejo, el modelaje, la ausencia de vinculo emocional entre todos nosotros y muchas otras ventajas, nos van nutriendo y enriqueciendo. Todo ello, nos van dando fuerza para empezar a cambiar nuestras sesgadas y secuestradas vidas por culpa de esta enfermedad llamada adicción.

Siempre lo digo y siempre lo diré, ten en cuenta que en un “face to face”, todos los adictos somos capaces de manipular y darle la vuelta al más pintado. Pero resulta que el grupo es sabio, tiene una fuerza muy potente y es capaz de desmontar cualquier elucubración demencial de esas, que sobre todo cuando estamos en activo, se nos ocurren.

¿Y ahora qué opinas, la terapia de grupo es importante?

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COADICCIÓN ¿Realmente sabes qué se siente?

COADICCIÓN ¿Realmente sabes qué se siente?

Hoy no queremos ser nosotros los que hablemos sobre la coadicción. Queremos que te detengas y leas con atención lo que Alicia ha querido escribir para vosotros.

«Soy Alicia, tengo 35 años, mi marido es adicto y yo he experimentado el amargo sabor de la coadicción.

No sabes ni cómo ni por qué un día llegas hasta ahí, tu vida se convierte en un continuo sentimiento que oscila entre el miedo y la frustración. Vives por y para él, cada uno de tus actos, de tus pensamientos y de tus palabras, nacen medidos al detalle y con la única intención de evitar lo que más tarde te das cuenta de que NO PUEDES EVITAR.

 

Paradójicamente te conviertes en ADICTA al ADICTO.

 

Poco a poco y sin apenas darte cuenta, vas dejando de lado tu vida, tus propios intereses, tus metas y tus aficiones.Todo pasa a un segundo plano y te centras única y exclusivamente en él y su enfermedad. De este modo adaptas tu vida con la firme convicción de que así evitarás una nueva caída.

 

Comienzas por tolerar conductas que jamás hubieras tolerado a nadie; continúas accediendo a sus pretensiones aún sabiendo que no le favorecen; le sobreproteges para evitar su sufrimiento anteponiendo el tuyo propio y por más daño que te haga eres incapaz de abandonarlo a su suerte. Sin darte cuenta vas invalidándolo cada vez más como una persona capaz de tomar las riendas de su vida y reforzando así su conducta autodestructiva.

 

El tiempo pasa, y el peor de tus fantasmas aparece en escena ¡lo ha vuelto a hacer!, no está, no sabes nada de él, las horas pasan, tú desesperas, sabes que está consumiendo… Lo buscas incesante con la única intención de que no le pase nada, solo quieres cuidarlo y protegerlo. Es entonces cuando el miedo con el que vivías hasta ahora torna en frustración, nada de lo que has hecho ha servido. Te sientes culpable, crees que si no le hubieras dicho aquello que tanto le molestó o si no hubieras actuado de tal forma con él, esto no estaría pasando. Pero créeme, no es así, TÚ NO TIENES LA CULPA, ni siquiera él la tiene, no se trata de culpa sino de responsabilidad y en este caso es únicamente suya. Todos nuestros actos tienen consecuencias y ahora es a él al que le toca asumirlas. Quizá ya estés pensando en cómo solucionar la que ha liado… (en el trabajo, con la familia, con el dinero…) pero NO DEBES HACERLO, si le proteges o intentas que eluda su responsabilidad, estarás alimentando de nuevo al monstruo de su enfermedad.

 

Llegó un día en el que no podía más, mi vida con él o sin él YA NO TENÍA SENTIDO. En un momento de lucidez mi dije a mí misma: ¿Realmente vas a permitir que su enfermedad os arrastre a los dos y privarte de una vida de felicidad? Fue el momento en el que decidí, PEDIR AYUDA.

 

Empecé a asistir a terapia semanalmente y fue entonces cuando entendí que bajo una autoestima hecha trizas, había llegado a la coadicción. No fue un momento fácil, no os voy a engañar, de nuevo volví a sentirme culpable, esta vez porque pensaba que era débil y no había tenido la fortaleza moral de adaptarme de una forma “funcional” a lo que estaba viviendo. La realidad es que no, no era culpable, simplemente no contaba con los cimientos necesarios para haberlo hecho de otra forma.

 

De este modo comenzó mi cambio, mi camino de crecimiento personal en el que aprendí que no ostento el control sobre la conducta de nadie, que si lo quiere hacer lo hará independientemente de que mi razón quiera hacerme creer lo contrario y sobre todo, que tengo un motivo muy fuerte por el que luchar: MI FELICIDAD. Poco a poco abandoné mi conducta autocompasiva; aprendí a vivir mi propia vida y no la del adicto; a establecer límites independientemente de las consecuencias; a dejar de asumir el control y la responsabilidad de todo, ayudándole a madurar y hacerse cargo de sí mismo; a prestar ayuda desde el propio yo; a no caer en la constante manipulación del enfermo y sobre todo y lo más importante, a decidir DÓNDE Y CÓMO quería estar.

 

Ahora, pasado el tiempo y tras el tratamiento por el que ambos pasamos, puedo decir que el miedo y el sufrimiento constantes quedaron atrás. La vida no es siempre como la deseamos pero que a pesar de las circunstancias, cada día DECIDO ser FELIZ. La posibilidad de cambiar existe y SOLO TÚ TIENES LA LLAVE.

 

Te animo a que si te sienes identificado leyendo estas líneas, PIDAS AYUDA como yo lo hice. No sientas vergüenza, no tienes de qué avergonzarte, recuerda QUE NO ERES CULPABLE, tan solo RESPONSABLE de TU PROPIA VIDA

El tratamiento de la adicción no solo engloba al adicto, también a su círculo más cercano, SUS FAMILIAS, personas que sufren los daños colaterales de la enfermedad y que en muchos casos llegan a la coadicción, por eso en Centro Elphis creemos que es fundamental que tanto el adicto como sus familias reciban ayuda profesional.

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